La libertad de expresión y la viralidad

El fenómeno viral puede resultar extremadamente favorable y productivo, pero es incontrolable y espontáneo, por lo tanto peligroso, capaz de volverse en contra del emisor de un mensaje mal construido o con fuertes opositores. Quizá esta sea la razón por la que la viralidad ha sido mutilada a lo largo de la historia, y de que, en este último siglo, sobre todo durante la última década, junto a la conquista de las libertades, se haya comenzado a ejercer de manera eficaz y fuerte, impulsada por la revolución tecnológica y las herramientas de comunicación colocadas en manos del ciudadano medio. 

En este orden de cosas, lo viral sería casi un sinónimo de la libertad de expresión efectiva, donde el individuo difunde las ideas de su agrado, no difunde las neutrales a su moral, y hace la contra a las que atentan contra su ideología.

Harold Lasswell fue un hombre que estudió la influencia de los medios en la opinión pública analizando la propaganda de ambos bandos en las dos guerras mundiales. Su modelo comunicativo defiende un emisor activo y un receptor absolutamente pasivo, ambos aislados psicológica y socialmente; esta teoría se conoce como ???La teoría de la aguja hipodérmica??? o ???Bala de plata???.

Pero Lasswell se equivocaba; ya se equivocaba en su época, aunque su error es más evidente hoy. Es muy sencillo rebatir la ???Bala de Plata??? amparado por la perspectiva que nos ha dado el tiempo, mediante los siguientes argumentos, simples y obvios: El modelo de Lasswell implicaría un aislamiento, una individualidad, una falta de interacción y una pasividad inverosímiles en una sociedad tan avanzada tecnológicamente y superpoblada como ésta en la que vivimos. 

Este modelo acarrea unidireccionalidad y asimetría de roles en una sociedad en la que todos somos periodistas en potencia, por lo que los roles están difusos, y en la que la unidireccionalidad ha sido superada mediante la interacción de Internet. Me resulta evidente la realidad de que Lasswell dirigió su investigación a áreas de estudio aisladas, que omitió el FeedBack de la audiencia y el contexto, y que planteó el acto de comunicación como una acción conductista constituida por un proceso asimétrico en el que un emisor activo emite un estimulo que llega a la masa pasiva que es atacada.

Pobre iluso. Si Harold Lasswell levantara la cabeza???  Hoy es la masa la que ataca, tiene en su mano herramientas para hacerlo. Pero, aunque en los tiempos en los que se difundió la propaganda de las guerras mundiales aún no existían estas herramientas, la teoría de la Aguja hipodérmica, a mi humilde parecer, no fue correcta nunca. La viralidad existe de forma natural en todo proceso comunicativo, ya ha existido siempre, aunque con las herramientas pluralizadas en el siglo XIX, tras la revolución tecnológica se ha hecho más evidente.

La única forma de diluir la viralidad es mediante métodos de represión y coacción, como la violencia y el miedo ejercido sobre la audiencia de la propaganda política durante las guerras mundiales.

Llegados a este punto, se me antoja necesaria una reflexión acerca del anonimato y la libertad de expresión en relación con lo viral dado que es digna de mención y estudio una conducta surgida de manera espontanea entre los estudiantes de la UC3M cuando simplemente se les ha permitido escribir su mensaje en la pared, con un cierto grado de libertad y anonimato. 

Me explico: A día de hoy, mi hogar es un descuidado y enorme piso de estudiantes. Sus paredes están repletas de mensajes escritos por las visitas, a modo de extraña bitácora. Aunque, más que una bitácora, las paredes de mi piso son un soporte para la expresión de ideales y principios opuestos, escritos por personas de todos los rincones de España, que muchas veces no se conocen, ni coinciden en el tiempo y el espacio??? En este orden de cosas, podría decirse que las paredes de mi piso son un espacio para el activismo anónimo, para el humor, para la libre expresión de lo que te venga en gana.

El caso es que es curioso cómo la mayoría de la gente no se limita a buscar un espacio en blanco en una pared colmada de ilegibles frases y dibujos para plasmar su mensaje. En vez de esto, la norma general consiste en leer varios de los mensajes ya escritos y, tras escoger uno de ellos, darle respuesta indicando de algún modo que, efectivamente, lo redactado es una réplica a lo expuesto más arriba o a un lado, generalmente con una flecha. 

Los autores de la obra de arte colectiva y viviente plasmada en las paredes de mi casa nunca van a conocerse entre ellos, pero se responden unos a otros, se replican, y no solo eso: mejoran, acotan, contradicen o muestran su conformidad con los mensajes emitidos por otros. Rara vez se escribe ya algo nuevo, que no sea una respuesta.

Este ejercicio de comunicación, esta actividad voluntaria de participación, me parece el ejemplo perfecto de ???viral???; por su naturaleza colectiva y participativa, fugaz pero permanente: Los mensajes van quedándose atrás, tachados y tapados, pero ahí siguen, pudiendo ser leídos, cada vez con mayor dificultad; es lo mismo que ocurre con Internet. 

Quien escribe tiene la certeza que será leído, y trata de hacer su mensaje grande y colorido, bien situado. Todo el que viene relee lo escrito y aporta su visión a los temas expuestos, que no son pocos; y lo hacen, porque como en internet, se sienten libres y anónimos, aquí no hay represión ni coacción, la libertad es eficaz y completa, están en casa de uno de los suyos, donde no serán juzgados; se irán, y solo quedará su mensaje.

Quizá con libertad y anonimato hubiera existido más viralidad durante las guerras mundiales, y Lasswell no habría sido inducido a error.

Hará ya tres meses que me inquietó la fuerza de la viralidad. Ocurrió tras el visionado de un video en YouTube llamado ???Racismo en México???  y mi posterior indagación en la campaña de la que formaba parte. Tras ver el video y conocer la campaña yo había alcanzado ya un cierto grado de posicionamiento respecto al tema, cuando, por casualidad, di con una pieza de contenido viral: Se trataba de un video cuya creación fue incitada por el primero que yo había visto: ???Racismo en México???. El volumen de reproducciones de este segundo superaba con creces el del video original, y lo refutaba de manera tan poderosa que me hizo planteármelo todo nuevamente desde un ángulo absolutamente distinto.

En la campaña “Racismo en México” se llevó a cabo un trabajo de investigación con niños mejicanos, emulando un experimento que ya se realizó en EEUU varios años atrás. La pieza central de esta campaña es el video en el que se muestra a varios de los niños encuestados, cuyas respuestas representan las de la mayoría de niños que fueron entrevistados.

El video original se puede encontrar en YouTube por este nombre: ???Racismo en Mexico Prueba con Niños???; y el viral del que os hablo, que le hace la contra, por este otro: ???Viral Racismo México Werevertumorro???. No hay duda de que el video que surgió para rebatir al primero es soberbio y rechaza enérgicamente la argumentación original, todo lo que vemos en él está perfectamente estudiado, no hay nada gratuito.

Me resultó evidente en aquel momento que todo el trabajo realizado por los responsables de la campaña ???Racismo en México??? se iba al traste tras la actuación viral de Werevertumorro. Lo que me lleva a mi tesis inicial dado que me resultó evidente que el fenómeno viral puede resultar extremadamente favorable y productivo, pero es incontrolable y espontáneo, por lo tanto peligroso, capaz de volverse en contra del emisor de un mensaje mal construido o con fuertes opositores.

 

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