Equistreme

Vi elevarse en una gran nube un carro de fuego. El profeta Elías había escapado del planeta de los simios en su nave espacial. Se habían vuelto como los humanos.

Aquí en el primer mundo de la Tierra, las armas fueron sustituidas por los instrumentos y las peleas, en ocasiones, podían ser retos personales. Luchar contra uno mismo y sus limitaciones.

No hace muchas semanas, antes del alud del Nanga Parbat y de la apuesta de Txikon versus Larrañaga, en un programa de radio, un tertuliano facilitaba percentiles sobre las muertes producidas en la práctica de deportes extremos.

Realizó una comparativa entre toreros y montañeros fallecidos, ganando los segundos con unas cifras muy superiores, para posicionarse en contra de que las instituciones apoyen económicamente deportes de tal riesgo.

Argumentaba que no se debía fomentar que la gente camine por una senda en la que son altas las probabilidades de acabar dentro de un ataúd.

No obstante, quienes conocen nuestro ego, últimamente han puesto muy en boga los retos extrem, montando pruebas para ironman, superman, spiderman, batman y wonder woman.

No faltan sponsors que alimentan nuestros instintos olímpicos para hacernos creer semidioses en pos de la gloria deportiva. Habrá quien afirme que no lo hace para batir récords sino para divertirse. Cierto. Nada mejor que irse al otro barrio disfrutando de tu locura favorita.

Esta tarde salgo de ver “Baby driver” con un desasosiego latente.

Pensaba que el cine era reflejo de la vida. Fue en el siglo XX. Hoy en día, han cambiado las tornas y con tanto efecto especial y truco de ordenador están conviertiendo a nuestros jóvenes en super hombres que conducen coches potentes y los dominan a su antojo.

Emular a los héroes de la pantalla, convirtiendo la ficción en realidad, comienza a ser un sueño. Lo triste es, que en este caso, algunos vayan sonámbulos, borrachos y drogados, y se pongan al volante de un vehículo, convirtiendo en deporte de riesgo su propia conducción y la maravillosa práctica del ciclismo.

Me jodería mucho que esto último lo transformen en algo que nunca deseé.

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Agustín Ruiz Larringan, herritar aktiboa.

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