24 horas de campaña en Catalunya

Aida Morales Boixader. Nacida en Berga, provincia de Barcelona. 27 años. Periodista del medio digital Nació Digital. Trabajadora autónoma y responsable de la delegación comarcal de su medio. A duras penas, mileurista. Ella se subvenciona su material, busca su publicidad para la web, cuida sus contactos, redacta…

Aida es una de las caras de esta campaña electoral. Es una de las periodistas que sigue el día a día de la CUP. Por la mañana la organización política sube a la cuadrilla de periodistas en un “autobús de campaña” fletado por la CUP y les traslada hasta la primera cita del día con la prensa. Lo mismo sucede con los periodistas que siguen a ERC, Junts Per Catalunya, Ciudadanos, etc. Este elemento móvil es inédito por estos lares. Por la tarde los y las periodistas vuelven a montarse en el autobús y recorren varios kilómetros hasta el mitin de la tarde. Piden condiciones de trabajo dignas a la CUP: conexión a internet vía wifi, tomas de audio, mesas de trabajo en cada acto, etc.

Aida es una de las caras de la precariedad laboral que asola a la clase periodística. Generalmente los y las periodistas no descansan lo que les corresponde en los quince días de campaña. Tampoco cobran las horas extras, y nadie ha estudiado el stress al que están sometidos. Muchas mujeres abandonan este oficio, muchas veces equiparable a una competición sádica entre los propios medios de comunicación y sus profesionales, y donde cuesta llegar a los 1.500 euros o trabajar solo 8 horas con un horario laboral continuo, y librar dos días seguidos. Para las mujeres es difícil cumplir este sueño vocacional si paralelamente tienen otros sueños. Nadie se ha plantado ante este robo y esta explotación al periodismo de base.

“¿Y qué va a pasar en Catalunya el 22 de diciembre?”, me pregunta la gente cuando sabe que he estado 24 horas en Barcelona. Casi no respondo. No tengo una conclusión política de las conversaciones que he tenido con gente en los actos políticos a los que he asistido (dos mítines de dos partidos distintos y un acto internacionalista con organizaciones de todo el estado).

De hecho, que TV3 sea una televisión pública modélica cuando aborda la campaña no es una novedad. Tampoco que Gabriel Rufián sea tratado por su público como un mesías o una estrella del fútbol. Que el mensaje se está centrando en atacar al contrario y en alentar al hater es algo obvio visto el contexto. Que todos los partidos teman a su contrincante porque todo está abierto lo dicen las encuestas. Que es una sociedad, la catalana, más politizada y polarizada lo ve todo el mundo y tampoco es algo que me haya sorprendido…

Quizás lo más llamativo es la metáfora del autobús de campaña, donde se reúnen como mínimo una docena de periodistas, muchas de ellas precarizadas. En el autobús se dan la mano el emisor y el receptor del mensaje, político y periodista. Un mensaje que hablará de salud, de educación, de la lengua, del territorio, de industria, de economía… y omitirá una reflexión sobre el periodismo y las personas periodistas, tan precarizadas, tan explotadas, tan sometidas a las reglas del mercado como entregadas a una profesión. Esto es una llamada de alerta tan humilde como importante a quienes miran y miramos para otro lado.

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Julen Orbegozo

Julen Orbegozo kazetaria da

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