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El ‘canónigo Olaso’

No pasa un día en que los mass media no nos brinden algún tema relacionado con la “Memoria histórica”, referida especialmente al meollo y el entorno de la guerra civil 1936-1939. En esa “Memoria” debería ocupar un lugar preferente, una de las figuras más destacadas de Euskadi y de la Iglesia vasca: el markinarra Alberto de Onaindia, el mismo que bajo el seudónimo de “Canónigo Olaso” decía sus verdades sobre la guerra civil y la dictadura franquista desde Radio París en los años 1940 y 1950.

Al sacerdote Alberto de Onaindia, canónigo de Valladolid, le sorprendió el golpe militar del 18 de julio de 1936 en Bizkaia. Se distinguía en aquel momento por su dedicación al apostolado social, su preocupación por el mundo obrero, sus excelentes relaciones con toda la izquierda vasca, tanto de signo socialista como anarquista, su brillante inteligencia y oratoria, y su savoir faire en el terreno de las relaciones humanas.

Y por sus firmes convicciones nacionalistas, que le convirtieron en el mejor portavoz del PNV primero y del Gobierno vasco después ante las altas instancias de la Iglesia en Francia y en toda Europa, y sobre todo en el Vaticano.

Onaindia gestionó hábilmente la liberación del arzobispo de Valladolid, Remigio Gandasegui; del de Santander, José Eguino, y también del iurretarra Javier Lauzirica, que rigió luego los obispados de Vitoria, Valencia y otros. Intentó desde Barcelona la liberación del de Teruel, Anselmo Polanco, que finalmente fue asesinado en Cataluña. En este intento contó con la colaboración decidida de Indalecio Prieto, quien, al verse impotente de salvar al obispo de Teruel, sugirió a Onaindia que acudiese a Dolores Ibarruri, la Pasionaria. Pero Onaindia no se atrevió a acudir a una mujer comunista, y luego lo lamentó.

Euskadi representaba en Europa y en el mundo, en aquel momento, un ejemplo único de coexistencia y frente común con toda la izquierda. El fascismo arrasaba por todos los lados, los militares que se sublevaron contra la República pusieron un empeño especialísimo en contar con la complicidad de la Iglesia. Todos los obispos españoles se prestaron a esta alianza con los militares, incluso aquellos que debieron a Onaindia su libertad terminaron por colaborar con Franco de una u otra manera.

El Vaticano, con Pío XII a la cabeza, se creyó en buena parte las versiones del problema que salían de la cúpula militar rebelde, y las denuncias contra la actitud del Gobierno Vasco de José Antonio Aguirre, y contra el clero vasco, que había perdido en los primeros días a 14 sacerdotes fusilados por las tropas invasoras del General Mola, entre los cuales figuraba Celestino de Onaindia, hermano de Alberto. La Santa Sede colaboró con el régimen fascista de Franco, destituyó o retiró a los obispos que Franco no deseaba, y nombró a otros más gratos al dictador. En  el Vaticano llegaron a aceptar, bajo falsas informaciones del Cardenal Gomá, Primado de Toledo, que habían sido los mismos dirigentes de Euskadi los que habían arrasado Gernika, y no los aviones de bombardeo alemanes…

Solo contra todos, como David contra Goliat, Alberto Onaindia luchó ante el Vaticano y ante toda Europa para informar de lo que estaba ocurriendo en Euskadi, defender las razones del pueblo vasco en aquella guerra, y las razones del clero vasco. Solo contra todos se empeñó en demostrar que en Euskadi la iglesia actuaba con absoluta libertad, que no comulgaba con las ideas y métodos de la izquierda pero respetaba las ideas de todos.

Euskadi representaba en aquel momento en Europa un caso único de una comunidad de católicos, de una iglesia local como la vasca, que respetaba las opciones de izquierda y hacía frente en bloque al empuje incontenible del nazismo y del fascismo.

La campaña de información de Onaindia tuvo su impacto entre los cristianos de Europa abiertos al respeto debido a las ideas de todos, entre una minoría de obispos. Pero en ningún otro lugar del mundo los católicos se enfrentaron como un solo hombre a Hitler y a Mussolini. Ni siquiera el Papa y su corte vaticana.

Alberto de Onaindia, el canónigo Olaso, es en buena parte el héroe de esta gesta legendaria, el David que luchó contra Goliat.

En estos tiempos en que Europa parece sucumbir ante el poder de ese dúo que llaman “Merkozy” que se nos antoja como una versión de aquel otro dúo de los años 1940 Hitler-Pétain. tal vez podría Euskadi  promocionar a otro “Canónigo Olaso” para desenmascarar tanta mentira y tanta rapiña como se están produciendo.  

Honorio Cadarso es periodista

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