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FP Zornotza

Memé mimará a su amama

¡Menudo desfase llevo! Acabo de enterarme de que en Durango tenemos un establecimiento con denominación de taberna deportiva. Por aquí cerca hay una floristería. Estoy interesado. Consulto si tienen el servicio de “Interflora”:

–Por supuesto, eso ni se pregunta- me responde la jefa del negocio.

-No he conseguido mantener viva la última planta que te cogí- soy un negado para estas cosas- así que me sumo al pelotón y me apunto al almíbar. Quiero regalar una flor a alguien que se lo merece.

-¿Qué tal éstas cuatro rosas?- me señala Edurne en la vidriera -pero San Valentín ya pasó, las querrás para algún cumpleaños.

-Como dice la canción “son del color de tu ropa interior”, pero lo del santo va a ser que no. Se debe celebrar todos los días si realmente existe lo que patrocina- argumento.

-En eso llevas razón.Esta vez alguien te ha tocado la fibra sensible, por lo que veo- concluye ella.

-Aunque, ¿sabes?, a mí también me complacería recibir de vez en cuando un regalo así. ¿Nunca pensáis las mujeres que a los hombres les pueda satisfacer enormemente tal detalle?

-Por mí encantadísima de que así fuera- afirma la florista, sin duda pensando en su negocio.

Cerrado el trato, continúo mi camino en esta apacible mañana de miércoles. El río viene crecido pero ha dejado ya de lamer los ventanales de las plantas bajas. Me fijo en las piedras de lavadero donde las amamas de quienes ya tenemos medio siglo de vida, perdían la tersura de sus manos frotando la ropa con jabón Chimbo y el agua fría que baja de Mañaria.

Aquella es crónica pocas veces dignificada. Tenemos que recuperar estos lugares de encuentro diario de tertulia entre nuestros antepasados. Luego llegó la lavadora automática y con ella las conversaciones son en la cafetería, después de dejar a los niños en la escuela.

A mi espalda, se erigen relucientes el museo, y la Iglesia de San Agustín, ahora centro cultural.

Abajo, al capricho de la madre naturaleza, semi-escondidas, inapreciadas, siguen estas herramientas de trabajo para la gente humilde. ¡Quién sabe cuántas historias habrán escuchado, ahogadas entre los murmullos de la corriente que fluye desde los montes cercanos! ¡Cuántos secretos guardarán estos añosos testigos fríos y mudos! Son parte de la arquitectura rural y urbana olvidada.

Reconozco que nunca encargué flores para mis amamas. Ellas sí que se las merecían a diario. Miramos hacia delante y se nos agolpan los recuerdos. Será porque empezamos a conocer una generación que ya supera a la de nuestros hijos y comenzamos a preocuparnos por nuestro mañana senil. Volvemos a evocar el pasado para identificarnos en un futuro cada vez más próximo en el que, al menos nos gratifiquen con algún ramo de brotes verdes.

Aitite cuida a los niños mientras Eva y Julián trabajan a jornada partida. ¡Qué suerte no ser uno de esos seis millones de marras!

Cae la tarde y el pueblo se ha quedado a oscuras debido a un corte de suministro eléctrico. Nos sentimos irritados, casi trágicos. Cuando las personas se acostumbran a las comodidades empieza a fallarles la fuerza de voluntad.

El nieto de 11 años, al cabo de un rato de apagón, le pregunta al abuelo qué van a hacer ahora.

-Tximist nos trajo la pila, podemos escuchar la radio, o jugar a inventar historias- propone el tutor.

-¡Pues vaya aburrimiento!- contesta Alex.

-¿Sabes lo que haremos? Subimos al camarote con la linterna y cogemos la tienda de campaña. Luego vamos al parque y la montamos sobre la hierba. ¿Te acuerdas lo divertido que fue aquella noche durante las vacaciones en Gourette?- insinúa aitite Antón.

De regreso a casa, amama había conseguido encontrar unas velas que siempre guardaba, y bajo su trémula luz, poner en marcha el infernillo de butano y prepararnos unas suculentas tortillas francesas para cenar, mientras esperaba a que también llegaran los padres del chiquillo.

Dirigiéndose a su consorte le comenta:

-Cuando faltemos nosotras, esta generación lo pasará mal.

Así que, no seamos memos y mimemos a nuestras amamas porque, queramos o no, estamos ante un futuro imperfecto.

Agustín Ruiz Larringan, herritar aktiboa.

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