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¿Dónde estaban y qué credibilidad tienen?

Machaconamente, los medios de comunicación siguen vomitando estos días datos e indicadores económicos que tensionan y deprimen el ya de por sí deteriorado equilibrio emocional de nuestro entramado social. Algunas de estas estadísticas, como por ejemplo la que hace referencia al número de hogares con todos sus miembros desocupados –1,3 millones-, nos golpean el alma con fuerza y nos muestran una radiografía cruel de las efectos devastadores de una situación que parece fuera de control, y lo que aún es  peor, sin visos de mejora a corto plazo.

Ante este panorama surgen agencias, “expertos”,  gobiernos con propuestas de reformas estructurales… y uno se pregunta, al igual que lo hacen otros muchos: ¿dónde estaban y qué credibilidad tienen la mayoría de los gobiernos, la mayoría de los analistas, la mayoría de las agencias, la mayoría de los organismos y expertos que ahora nos  vienen, unos con recetas mágicas, otros con juicios sumarísimos, otros con  injustas exigencias… si ellos mismos fueron incapaces ni tan siquiera de ver y predecir hace bien poco lo que se nos venía encima?

Mientras todo esto sucede, estamos observando cómo el bien común está en creciente peligro y cómo muchos de nuestros dirigentes  persisten en anteponer sus intereses partidistas, electorales y personales al bienestar de la sociedad a la que tendrían que representar. Por ello, al igual que ya se está posibilitando desde determinados foros, la sociedad civil debiéramos quizá aplicarle un ERE al cuerpo político para que mejore su productividad, pues nos encontramos con una empresa de 47 millones de accionistas muy mal gestionada, cuya cuenta de explotación muestra el peligro de quiebra por una deuda pública difícil de pagar.

La crisis, esta crisis que estamos experimentando, no es sólo una crisis de la economía; no es sólo una caída del PIB. Nuestra verdadera crisis –como sostienen destacados pensadores- reside en que nuestra forma de pensar ha quedado obsoleta, y que si tratamos de resolverla con las mismas ideas que nos llevaron al colapso, tendremos  nuevas crisis.

Ha llegado la hora de apoyar las buenas ideas y de que los cínicos e incompetentes, los carentes de la más mínima credibilidad social, hagan un favor a las generaciones del futuro y se retiren.

Cada vez más gente está asumiendo que necesitamos una nueva forma de ser y estar en el mundo, y ése es el síntoma  esperanzador de que estamos preparados para encarar el camino de salida de la crisis.

 

Isidoro Sánchez es responsable de Administración y Servicios de San José Jesuitak Ikastetxea

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