Carta abierta a Europa

Dear Europe:

Soy un ciudadano europeo, como otro cualquiera. Mediante esta carta quisiera trasladarle algunas reflexiones que, al hilo de los acontecimientos de esta semana, me han dejado un poso de amargura y preocupación.

Yo vivo en un país que, hace ya tiempo, decidió que nadie podía quedarse al margen del progreso social. Esto, en ocasiones, significa correr menos, pero correr juntos. Este sacrificio común, sin embargo, se torna satisfacción cuando uno hace un alto en el camino y ve que, a pesar de que el objetivo todavía está lejos en el horizonte, puede mirar hacia atrás y comprobar que no ha dejado a nadie en la cuneta.


Una semana de incertidumbre

Mi reflexión viene a colación de las dudas generadas entre la opinión pública y la ciudadanía europea respecto a la necesidad de un nuevo rescate griego. Primero fue sólo la incertidumbre en ausencia de posicionamientos, le siguió la oposición alemana, después las condiciones, luego la cumbre franco-alemana y, finalmente, se ha postergado la decisión delegando los términos del rescate en el BCE (Banco Central Europeo) y el FMI (Fondo Monetario Internacional), con un calculadamente prudente compromiso franco-alemán.

Seguramente, mi humilde perspectiva no alcance ver los motivos que subyacen a dicha escenificación. Sin embargo, no recuerdo posiciones tan ambiguas y dubitativas en los prolegómenos de los rescates bancarios.


Imperfecta, pero Europa

La Unión Europea de los estados que actualmente tenemos no es el escenario ideal que sueño. Anhelo la Europa de las naciones, donde incluso la mía tenga cabida. Pero no cabe en mi cabeza que esta Europa, aún siendo imperfecta, sea más firme en el rescate de las entidades bancarias (que tampoco tras el rescate han cumplido con su misión de dar liquidez a la economía) que en el rescate de los estados. Sobre todo, resulta difícil de entenderlo porque, detrás de ese estado, hay ciudadanos que ya sufren recortes sociales y no ven luz por ninguna parte.

Nada tenía que ver la escenificación de Sarkozy y Merkel con el discurso pronunciado por Robert Schumann el 9 de mayo de 1950, en el ‘Salón del Reloj del Quai d’Orsay’ de París. Schumann hablaba entonces de que Europa no se haría “de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.


Modelo de solidaridad

En los últimos tiempos, antes de la crisis, nos habíamos preocupado de reformular el modelo propio de Estado de Bienestar y Progreso basado en el conocimiento y la solidaridad persona a persona. Pensábamos que la solidaridad entre estados estaba garantizada, con fórmulas que habían funcionado, como los Fondos de Cohesión, por ejemplo. Pero esta crisis nos ha echado un nuevo pulso.

Me voy a permitir parafrasear a Robert Schumann, antes de despedirme. Creo, sinceramente, que el modelo de Europa que queremos no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. Europa debe construirse con realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. 61 años más tarde, hagámoslo con Grecia.

Yours sincerely,

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Sergio Murillo es economista

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