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Wertigo

Un visionario dramaturgo aragonés escribía la década pasada sobre un mundo en el que nos cortarían las piernas para vendernos unas ortopédicas. Lo que no sabía es que lo que nos iban a cortar eran las alas, y no para vendernos nada sino para que no compremos. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, osados ciudadanos que se creyeron dignos de un sofá de masaje, videoconsola y patatas lays. Ingenuos que pensaron que un hogar de 60 metros cuadrados era un derecho, más o menos duro de conseguir a fin de mes, pero que nadie les iba a arrebatar.
 
Hubo incluso quien creyó que nada cambiaría y que su jefe les amargaría el resto de la existencia, y si no pues vendría otro a amargársela. ¡Será por jefes! Pero de repente los jefes escaseaban, y nos hicieron creer que la culpa era nuestra, por comprar demasiado, por endeudarnos, por tener un mac, o gastarnos una ayuda en tener televisión en casa.

Por que sepa usted que si tiene la suerte de trabajar, aun se puede permitir una televisión sin que nadie le diga nada, pero ni se le ocurra que sea 3D porque será por encima de sus posibilidades, salvo que en su trabajo le permitan hacer heliesqui. Eso sí, si recibe una ayuda, porque por circunstancias de la vida, de una mala gestión, o porque Merkel pasaba por ahí se ha dado el caso de que la necesite, utilícela para comer y listo que la tele, como la cultura y todo lo relacionado con el ocio, no es una necesidad básica.

Y así las cosas, nos dijeron que la sanidad y la educación, sí que eran básicas, y que por esas líneas rojas no pasaban. Se quita usted del plus, del salón, y si se da el caso se va debajo del puente, pero tranquilo, cuando coja una gripe le atenderán, porque nuestros servicios públicos son maravillosos. Pero entonces obligaron a las y los médicos a invertir su tiempo libre en pasearse por las calles en bata blanca, así daban ejemplo de que andar es muy sano y no tendríamos que comprar medicinas, camas de hospital y demás caprichos por encima de nuestras posibilidades.

Y si además usted es un vago sin trabajo, un inmigrante de la parte baja del mapa, olvídese de sus operaciones de estética gratuitas, porque hemos gastado plástico por encima de nuestras posibilidades y vamos a ahorrar en tarjetas. Además, con las viejas, que les rogamos las devuelvan, nos vamos a hacer una silla moderna para algún edificio público con tres seguratas en la puerta. Por supuesto en una planta de reciclaje porque además a partir de ahora vamos a ser transparentes y sostenibles.

Cuando creíamos que nada podía ir a peor, porque todos los sacrificios eran necesarios e íbamos por el buen camino (en esta frase quiero resaltar que es ironía) nos dio wertigo (con w). Estábamos tan arriba sin darnos cuenta, que lo último que esperábamos es que alguien nos obligase a mirar hacia abajo, porque hay que ser maligno, pero el señor daba el pego de malvado. Hay gente que lo da, que le vamos a hacer, le pasaba a Ratzinger y le pasa a Wert.
 
Fue cuando descubrimos que habíamos estudiado por encima de nuestras posibilidades a pesar de no ser finlandeses. Que sacar un cinco ya no era suficiente, y que a pesar de no aparecer en rojo en nuestro cuadernillo de notas, sin dinero de por medio, no había nada que hacer. Que las siguientes generaciones tendrían que hacer una cosa que por lo visto hacían antes de Cuéntame, que se llama reválida, por lo que si a usted con doce años le gusta más jugar que dividir, olvidase de su infancia, porque a los veinte ya no le permitirán estudiar, y le recordarán aquel examen que midió sus actitudes para el estudio en lugar del profesor o profesora que le conocía tan bien y que le hacía el seguimiento continuo en su aula. Por supuesto, siempre podrá subir su media estudiando religión católica. Y si el problema era de dinero??? ¿A qué viene esto?

Cortarse las piernas, para cambiarlas por unas que no se tienen que depilar, no se lesionan, se limpian con un trapo y no sudan ni huelen era el colmo de una sociedad de consumo enloquecida, pero ante un futuro feudal donde unos podrán plastificarse lo que quieran mientras el resto no tiene ni para comer, el dramaturgo aragonés era un soñador optimista. Claro que lo que hay enfrente también da mucho wertigo.

Técnico de la Oficina de Información Juvenil de Amorebieta.

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