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Los olvidados en la desescalada

Ahora que todos vamos arañando fase a fase libertad de movimientos, se nos han quedado atrás las residencias. Las personas residentes en centros para mayores y dependientes siguen confinadas desde marzo y no han visto más rastro de alivio en su encierro que las visitas de características casi carcelarias que se han organizado en algunos casos, y el anuncio de una flexibilización en las mismas una vez que se pase a fase 3.

En la residencia J. M. Azkuna de Amorebieta, por hablar de lo que yo conozco directamente, son ya noventa días de encierro, y los espacios más amplios como son el salón y el jardín, se dedican exclusivamente a las visitas que se realizan tres días a la semana, lo que impide su disfrute por parte de los residentes durante toda la semana.

Además, el 28 de mayo nos comunicaron que las salidas a la terraza de la planta baja, espacio que corresponde a los residentes llamados autónomos, se cancelaban en espera de organizarlas para que salieran con un “técnico responsable” –en cuanto a vocabulario no hay quién les gane–. Es decir, la semana de calor extremo, salvo los fumadores que han podido salir a la terraza a demanda, la han pasado en el hall de la entrada, sin aire acondicionado, y en un ambiente cerrado, ya que las ventanas batientes, allí donde las haya, únicamente se abren unos centímetros por motivos de seguridad.

Nunca habría imaginado que privarles de poder pasear al aire libre fuera una decisión en favor de su salud, sobre todo en un centro sin contagios

Del fundamento de esta decisión no he recibido explicación alguna más allá de que esté relacionada con la Covid-19. Nunca habría imaginado que privarles de poder pasear al aire libre fuera una decisión en favor de su salud, sobre todo en un centro que durante toda la pandemia ha mantenido y mantiene a trabajadores y residentes sin contagios.

Los residentes, muchos, están al tanto de las noticias, y ven cómo todos, incluidas las personas en su rango de edad, retomamos nuestras actividades y relaciones. Salimos, paseamos, quedamos con familiares y amigos, y se preguntan qué han hecho ellos para merecer esta condena que ignora –y ya por noventa días– sus necesidades básicas de contacto humano y de libertad para tomar aire fresco, tan fundamentales para su autonomía y salud.

Y sufren. Y les comprendo, porque si no me equivoco, hasta los presos tienen asegurada una hora de patio al día. Además, con la Covid-19, los residentes siguen siendo víctimas de la falta de personal –que no del desvelo de las trabajadoras que lo han dado todo y más–, y de fallos de organización. No sé qué otra explicación podría haber para la merienda de este viernes pasado servida en sus butacas del hall, en una mano el vaso de café con leche, y en la otra el paquetito de galletas.

Supongo que a más de un familiar de esta y otras residencias no se les harán ajenas mis preocupaciones, porque me temo que han pasado a ser números

Imagino que podría reírme imaginándomelos sin saber cómo merendar salvo dejando algo en el suelo, pero en realidad me indigna y me enfada. Nos dicen en las comunicaciones de Igurco que la Covid-19 es la amenaza. Yo casi diría que ha sido la excusa perfecta para decisiones sobre las cuales no nos ha llegado más justificación que “por motivos de organización interna”. Un escándalo el precio que pagan mensualmente para semejante trato.

Creo que están siendo doblemente maltratados: por una parte en su día a día –ahora sin las visitas que compensaban esa falta de atención–, y por otra, en el olvido al que les hemos relegado en el espacio público inmersos en nuestra carrera por volver a la normalidad. Supongo que a más de un familiar de esta y otras residencias no se les harán ajenas mis preocupaciones, porque me temo que han pasado a ser números que reflejan la urgencia en la gestión de la pandemia en las residencias, ignorando lo importante, el hecho de que son personas, y que además de estar vivas, quieren “vivir”.

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6 Comentarios

  1. No de acuerdo

    Pues no estoy de acuerdo.
    Si están diciendo que son los más vulnerables, es porque lo son, (ahí están las cifras).
    Te puedo entender, pero no puedo compartir tu idea porque se está velando por ellos.
    Un simple estornudo de alguien cercano puede acarrear más de un contagio.
    La prueba está en estos momentos en Basurto y Txagorritxu….
    Hay que ser prudentes, es por su salud y la de los demás.

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    1. Karmele

      Yo lo que veo es que se protege excluyendo, todos los sectores desescalan, en todos los sectores se invierte dinero para proteger y reactivar la economía, de hecho ya vamos a poder ir de espectadores al fútbol, que da mucho más dinero que el cuidado de las personas en las residencias, jugadores de futbol que han tenido los tests a su disposicón antes que en algunas residencias, cuyos residentes no salen a la terraza porque no hay personal suficiente para organizar turnos por ejemplo, para todos nosotros ha habido medidas de alivio, para las residencias sin embargo sigue el confinamiento, imagino que no hay opciones para aliviarlo porque todas requerirán inversión económica. Desde luego las trabajadoras de las residencias venían avisando del desastre que ya sufrían.
      A ver qué nos toca a nosotras, que cada vez estamos más cerca. A mi desde luego me parece que hay que moverse por un cambio, lo que están sufriendo ahora no lo quiero para mí.

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  2. Elcano

    Karmele describe perfectamente la situación que viven las personas “recluidas” en esa Residencia y otras, no nos engañemos, de tal forma que no parece de este mundo y que no es sino reflejo de que la sociedad entiende que los “viejos” a partir de cierta edad hemos pasado a la consideración de molestos trastos, no reparando los que mandan que, en cuanto se descuiden entrarán en esa condición y cosecharán lo que hace ya tiempo vienen sembrando.

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  3. Karmele

    Imagino que el encierro férreo también estará relacionado con que las residencias no estropeen la estadística y poder hacer los cambios de fase según lo previsto…

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  4. Pili

    Nosotros esperamos desesperados cuando abren las cafeterías, museos o piscinas para disfrutar de la vida y nos olvidamos de que nuestros mayores sólo quieren un poco de cariño por nuestra parte para poder disfrutar.

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  5. Fabiola

    Suscribo todo lo dicho en esta llamada de atención para con los mayores que viven en residencias. Ellos están viviendo y sufriendo la situación más dura desde marzo.

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