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La lucidez necesaria

780 zancadas son las que separan el portal de mi casa de ese rincón favorito que tengo en Durango, junto a la fuente de Kurutziaga. En su momento fue lugar de encuentro dominical para una cuadrilla de cicloturistas que planeábamos recorridos a veces inverosímiles.

En cierta manera, no he dejado de ocupar mi espacio y alguna que otra tarde acudo con “Txispi”, simplemente a ver pasar gente, o con un libro para entretenerme un rato entre el jolgorio de los niños que rondan cerca y el murmullo de algunos jubilados.

Ayer cerré los ojos durante unos instantes y me imaginé escenas. Se me ocurrió pensar cómo sería la vida de un ciego. Ya sabéis que en esta parte del siglo es más técnico y adecuado referirse a ellos llamándoles invidentes.

Me anima Txema a que me sume a su proyecto de ciclismo adaptado. Necesita pilotos, me dice. Somos esa gente normal  a quien le gusta mantenerse en forma con la bicicleta y que bien podría aportar algo a una buena causa. Me insinúa competir en tandem con un deportista ciego.

-Es una propuesta respetable, pero he perdido mucha forma por falta de dedicación últimamente- aclaro.

-Pero si consigo comprometerte, sé que te vas a preparar como el que más. Te conozco- dice Txema.

-No me sigas tentando- afirmo, y por ahora ahí queda la cosa.

Me pica la curiosidad. Mañana quiero apreciar el mundo de otra manera.

Busco la cachava de mi aitite, que guardé en el trastero y me pongo unas gafas negras como el músico de color que cantaba aquello de “si vas ciego, no conduzcas”. Previamente me he tapado los ojos con el antifaz que uso al acostarme todas las noches.

A mi lado “Txispi”, y mi facha es más auténtica. Un invidente de empaque.

Ahora, a practicar. Comenzaré desde mi domicilio hasta la fuente de Kurutziaga. Fácil: casi 800 pasos y algún traspiés, cuatro ladridos de mi amigo, el aroma a café del bar de la esquina, el olor del pan en la tienda de enfrente, el sabor del chicle que mastico, y me tocan en la espalda. Escucho: -Porque te conozco Agus, pero diría que das el “pego”- Vaya, me van a estropear el experimento. El riesgo que se corre al caminar por tu pueblo.

Es Roge, uno de los “indignados”, que también utiliza el banco que lo único que te roba es el tiempo, precisamente algo de lo que disponen actualmente más personas de las que debieran.

Lo terrible es que me refiero a ello como si esos instantes fueran algo futil, sin valor real, cuando en realidad es lo más preciado que disponemos.

Se juntan allá, frente al Bartolo’s y pasan las horas muertas, con las manos en los bolsillos y articulando monosílabos o cortas frases intrascendentes.

Pilotos, necesitamos pilotos…y algún timonel. Nos han privado de la vista, estamos sin oído y sin olfato, cada vez tenemos menos gusto y por supuesto, hemos perdido el tacto. ¿Qué nos han hecho? ¿Qué nos estamos dejando hacer?

Hay gente desesperada, que ha decidido matar el tiempo tirándose desde los balcones y las ventanas, mientras otros nos conformamos con Fernando Alonso.

Sobran piojos y garrapatas. Se buscan nuevos pilotos. Abstenerse escuderías.

Agustín Ruiz Larringan, herritar aktiboa.

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