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La juventud defraudada

Tenemos la generación de jóvenes académicamente mejor preparada de la historia pero personalmente menos equipada. Disponen de muchos conocimientos, mucha cultura, pasión por saber y descubrir mundos nuevos??? Pero no se les ha enseñado a tener iniciativa, requisito básico para emprender. Y este es un reto al que, con las oportunidades de que han disfrutado, todos podrían hacer frente.

Conozco a un ingeniero con la carrera recién acabada y sin estrenarse en la vida laboral quien confesaba recientemente que, de poder volver atrás, no habría estudiado nada. ???¿Nada????, me sorprendí. ???Nada???, respondió tajante. Su argumento: quienes de entre sus amigos hicieron eso ahora tienen trabajo y él, en cambio, no. El inteligente, el estudioso, el esforzado está en paro y pidiendo la paga a sus progenitores.

Me pregunto cómo es posible semejante actitud de derrota con la inteligencia, el esfuerzo y el tesón necesarios para sacar adelante una ingeniería. No es el talante general, pero cada vez está más extendido. Puedo dar más ejemplos: un químico, amigo del anterior, se mostraba totalmente de acuerdo con él y otra joven licenciada se conformaba con su trabajo de dependienta. Piensa que no puede aspirar a más. De momento, supongo. Aunque el tiempo vuela y, cuanto más se hunde una persona en el bache del estancamiento, más cuesta salir.

Es fácil criticar a toro pasado las deficiencias de un tipo de sociedad que ha suscitado ese tipo de comportamiento en la juventud y que no sabe qué hacer con una generación, o quizás dos y las que vendrán, que despierta de un dulce sueño de omnipotencia a la pesadilla de un futuro que se presenta más que complicado.

Lo más práctico sería dar la lección por aprendida y aplicar mecanismos correctores. Ponerse a pensar en cómo dotar a quienes están llegando a la vida adulta de las herramientas que les faltan para que sus talentos no queden desaprovechados.  Y es que este es un lujo que no nos deberíamos permitir. Primero, por el alto precio que se ha pagado por su formación: cada alumno de carrera cuesta a las administraciones públicas al menos 9.000 euros al año. Y, en segundo lugar, por hacer justicia a las promesas que han recibido.

¿Cuáles serían esas herramientas? Paradójicamente, las mismas que han aparcado al ver defraudadas sus expectativas: el esfuerzo, la curiosidad, la cooperación, la iniciativa o el carácter emprendedor. El desafío ahora es: ¿Cómo generar confianza de nuevo en personas que se sienten engañadas?

Mertxe Arratibel es periodista en andra.eus

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