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Una final sin red: cuando la seguridad quedó fuera del partido en Landako

El día de una final no es un día cualquiera. Se nota al entrar al pabellón, en el ambiente de las gradas, en los comentarios de los jugadores antes de entrar al vestuario “estoy nervioso”. La final de Primera Nacional disputada en el Polideportivo Landako no fue una excepción. Fue un partido intenso, igualado, emocional. Un evento que atrajo a cientos de personas y que ofreció mucho mucho baloncesto del bueno.

Y, sin embargo, hubo algo esencial que no estuvo a la altura de la ocasión: la seguridad sanitaria.

Durante todo el partido, mientras los jugadores chocaban bajo los aros, caían al suelo a gran velocidad o forzaban en cada acción, no había una ambulancia en el recinto. No hubo un recurso sanitario avanzado preparado para responder de inmediato si algo salía mal. Y en un deporte como el baloncesto, en una final, eso no es una hipótesis lejana: es un riesgo real.

No estamos hablando de un partido amistoso de pretemporada, ni de un encuentro de liga regular. Hablamos de una final federada, organizada por la propia federación, disputada en una instalación municipal de referencia como Landako y con un nivel competitivo elevado.

En una final, los jugadores no se guardan nada. Se juega con todo, con fatiga, con pequeñas molestias que se ignoran porque el premio lo merece. El ritmo es más alto, los contactos más duros, las caídas más frecuentes. Todo el mundo que ha estado alguna vez en una pista lo sabe.

Por eso resulta tan difícil de entender —y de aceptar— que un evento así se celebre sin un dispositivo sanitario acorde a ese nivel de exigencia.

“Si pasa algo, ya llamaremos”

Ese es, implícitamente, el mensaje que se lanza cuando no hay medios sanitarios in situ. Un mensaje inquietante. Porque desplazar toda la respuesta a una emergencia a una llamada al 112 no es prevención; es improvisación. Significa asumir que, si ocurre una lesión grave, se perderán minutos clave esperando a que llegue una ambulancia desde otro punto del municipio, como ha ocurrido en Balonmano, futbol etc.

Minutos que, en determinadas situaciones, marcan la diferencia. Un traumatismo cervical, una parada cardiorrespiratoria, una lesión interna grave… no son escenarios de película, son realidades que ocurren en el deporte competitivo, incluso en pabellones “seguros”.

Landako no es un frontón improvisado ni una cancha de barrio. Es un pabellón polivalente, moderno, preparado para acoger grandes eventos deportivos y culturales. Precisamente por eso dispone de un plan de autoprotección y de unos protocolos que deberían activarse con más rigor cuando el evento lo justifica, y no depender todo de una persona en la recepción, que no debería ni trabajar en domingo por su contrato laboral, pero esa es otra polémica, que será desgranada en otro articulo.

La seguridad no va solo de cumplir el mínimo legal; va de aplicar el sentido común y la proporcionalidad. Y ese día, en Landako, dio la sensación de que la seguridad se trató como un trámite, no como una prioridad.

Cuando un ayuntamiento cede una instalación así para una final de estas características, no se limita a abrir la puerta y encender las luces. Asume una responsabilidad. Una responsabilidad que no se puede diluir diciendo que el organizador es una federación o que la normativa no obliga de forma expresa por aforo.

La seguridad no va solo de cumplir el mínimo legal; va de aplicar el sentido común y la proporcionalidad. Y ese día, en Landako, dio la sensación de que la seguridad se trató como un trámite, no como una prioridad.

Ese silencio institucional contrasta con el ruido de una grada entregada y con el esfuerzo de unos jugadores que lo dieron todo. Es una disonancia incómoda. Porque mientras se celebran canastas y se anima con pasión, hay una sensación de vulnerabilidad latente: si algo grave pasa, no estamos preparados.

Da la impresión de que, en demasiadas ocasiones, la seguridad sanitaria se queda al final de la lista de prioridades. Primero el calendario, luego la instalación, después la logística, la difusión, el marcador, las mesas… y, si sobra presupuesto o tiempo, la ambulancia.

Pero debería ser al revés. La seguridad debería ser prioridad. El argumento económico, además, resulta pobre. El coste de disponer de una ambulancia durante unas horas es insignificante comparado con el presupuesto global de un evento de este tipo y, desde luego, ridículo si se compara con las consecuencias —humanas y legales— de una intervención tardía ante una emergencia grave.

Cuando terminó el partido y se marcharon los jugadores, quedó una sensación agridulce. Deportivamente, fue una final digna, intensa, emocionante. Organizativamente, dejó preguntas incómodas.

Porque la próxima vez puede que no haya tanta suerte. Puede que la acción dura no se quede en un susto. Puede que el golpe sea algo más.

Y entonces ya no valdrán las explicaciones técnicas, ni los matices legales, ni los “nunca ha pasado nada”. Entonces miraremos atrás y nos preguntaremos por qué no se hizo algo tan sencillo como poner una ambulancia donde debía estar.

Este texto no busca señalar a personas concretas ni alimentar polémicas estériles. Busca algo mucho más sencillo y más importante: poner la seguridad en el lugar que merece. Que el ayuntamiento, como institución responsable de sus instalaciones y de las autorizaciones, entienda que hay eventos en los que no basta con cumplir el mínimo.

Una final no es solo un partido. Es un esfuerzo máximo. Y el esfuerzo máximo exige el máximo cuidado.

La seguridad no puede ser invisible. Cuando está bien hecha, nadie habla de ella. Pero cuando falta, se nota. Y en esta final, se notó. El ayuntamiento estuvo, pero solo para la foto de la victoria.

Artículo de Herriaren Eskubidea-Independientes

Grupo municipal de Herriaren Eskubidea-Independientes de Durango

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1 Comentario

  1. Decisión del VAR

    *El argumento económico se explica en utilizar más de 200 ertzainas y 70 polícias municipales para la seguridad del recibimiento popular de la Real Sociedad como ganador de la Copa del Rey de fútbol: ¿a cuántos efectivos hubo que pagar horas extra para cubrir dicho evento?
    *Otro argumento económico se explica utilizando 80 ertzainas motorizados para cubrir la Itzulia ciclista disponiendo de un dispositivo de seguridad extraordinario. Se puede repetir la misma pregunta.
    Y estos dos ejemplos por no poner más, como la seguridad desplegada en los aledaños de San Mamés cuando el Athletic ha jugado partidos de la Champions.
    Para todo ello si hay seguridad y además extra…con dinero del erario público.
    No sorprende. Llevamos muchos años así.

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