Hablar en plata

Tiempo para mí

Honorio Cadarso

Hablar en plata

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Honorio Cadarso es periodista

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Estamos en un hogar municipal de jubilados del Alto Ibaizabal, en un curso sobre Recuperación de la memoria al que asisten en doble sesión y en grupos de 15 personas alrededor de 30 "aitites". Como primer ejercicio, la profesora propone a los asistentes que cuenten su vida profesional: en qué has trabajado, qué es lo que más te gustaba de tu trabajo, qué es lo que menos...

Las respuestas trenzan en un tapiz multicolor de "amamas" nacidas en Euskadi o emigradas de otros lugares del Estado el historial de la mujer trabajadora de nuestro pueblo, de nuestras madres y abuelas. La primera sorpresa salta al constatar que casi todas las asistentes al curso han llevado dignamente dos profesiones, dos jornadas de trabajo todos los días; mejor dicho, los domingos sólo ejercían una de las dos.
 
Porque casi todas las mujeres hoy en edad de jubilación han trabajado también fuera de casa: ésta ha tenido un bar, aquélla una tienda de ultramarinos, la otra ha sido cocinera de una ikastola, la de al lado ha trabajado en un taller artesanal de velas, o ha sido sastra en casa como autónoma... Y todas, sin remisión, han tenido que apechugar con una maternidad que daba un promedio de cinco, seis o más hijos. Y además de criar a todos ellos, atender las tareas del hogar.

¿Qué les gustaba más de su trabajo? Casi todas hablaban con entusiasmo de momentos y actividades de su profesión: del placer de dejar bonita y artística una vela artesanal, de hacer un buen traje, de lograr unos platos exquisitos... En el polo opuesto, casi todas renegaron del lado oscuro y desagradable del trabajo: "Siempre eché de menos el tener un poco de tiempo para mí".
 
Ninguno de los hombres que contestaron el mismo cuestionario se quejaron de esta frustración, solo las mujeres.

Cierto es que a los aitites de hoy les ha tocado soportar largas jornadas de horas extraordinarias más allá de las ocho horas reglamentarias. Pero seguramente a ninguno les faltó el descanso del hogar, ese "cálido hogar" donde las mujeres seguían trabajando mientras el hombre calzaba sus zapatillas y se sentaba a no hacer nada, o a ver la tele. Y seguramente muchos de ellos sacaban tiempo al anochecer para irse con los amigos a tomar unos vinos.

Los tiempos han cambiado. La natalidad es ahora más controlada, el número de hijos no suele pasar de tres. ¿Pero quizá la mujer trabajadora de hoy sigue con su doble jornada fuera y dentro del hogar? ¿Pero quizá el hombre trabajador sigue fiel a su filosofía de zapatillas y tele al llegar a casa, y vinos al atardecer con los amigos?

No hablaron de eso los aitites y amamas del cursillo de recuperación de la memoria. Pero es verdad que a muchas de ellas se les ve mañanas y tardes por el parque paseando a sus nietos y jugando con ellos. Es decir, que  siguen trabajando en cuidar a sus nietos, sacrificando ese tiempo de la jubilación que se han ganado a pulso para aliviar la jornada laboral de sus hijos e hijas.

Pequeñas reivindicaciones todavía pendientes para este día de la mujer trabajadora que acabamos de celebrar.
 


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