“Un sentimiento común de represión propicia la convivencia entre etnias y religiones”

Markel Brouard, Mikel Gandarias, Adrian Zelaia y Jonbi Larrabidea, de izquierda a derecha.
Markel Brouard, Mikel Gandarias, Adrian Zelaia y Jonbi Landabidea, de izquierda a derecha.

Es habitual entre los médicos que han dedicado largos meses de estudio para superar el MIR “hacer un viaje de ocio para desfogarse”, con algún lugar paradisíaco como destino preferente. Sin embargo, los durangarras Mikel Gandarias y Adrián Zelaia y el bilbotarra Markel Brouard, a quienes se sumó el ingeniero y concejal local de EH Bildu Jonbi Landabidea, optaron por un destino muy diferente.

Tras barajar lugares como Palestina y otras zonas de Oriente Medio, fijaron su destino en Kurdistán “el pueblo sin estado más grande del mundo, que está ubicado en territorios de Turquía, Siria, Irak e Irán”, apuntan.

Su elección inicial fue establecerse en territorio de Turquía pero les persuadieron de su pretensión y optaron por situarse al otro lado de la frontera, en territorio de Siria.

Aunque a tenor de las noticias que llegan desde aquella zona parezca lo contrario, el conflicto bélico se está desarrollando en estos momentos en el territorio kurdo situado en Turquía, mientras que la zona de Siria que han visitado había sido liberada de la ocupación del Daesh.

El objetivo de los cuatro integrantes del grupo radicaba en “tener una perspectiva diferente y hacer algo relacionado con la salud”, antes de incorporarse a su actividad profesional. Además han podido conocer “las estructuras sanitarias y el modo en el que las están desarrollando, así como los recursos de que disponen o las necesidades que provoca una situación bélica, tanto por los heridos en el frente como entre la población en general”.

Durante las dos semanas que han permanecido en la zona de Qamishlo, en una franja de terreno situada entre territorio turco y una parte de suelo sirio que sigue ocupada por el Daesh, han podido conocer de primera mano las vicisitudes en las que se viven inmersos los habitantes de esa parte del mundo.

Etnias y religiones

En esa zona que en la antigüedad formó parte de Mesopotamia, no solo habitan personas de etnia kurda, sino que “allí conviven kurdos, árabes, asirios o yazidíes; cristianos y musulmanes de diferentes tendencias religiosas”. En lugar de reclamar la independencia, la convivencia entre todos ellos propiciada por el sentimiento común de que “todos ellos han sido reprimidos”, ha permitido la creación de la Federación de Rojava y el Norte de Siria, proclamada durante los días que los cuatro jóvenes permanecieron en la zona.

El sistema organizativo de las comunidades, basado en la democracia primitiva en la que la mujer se responsabilizaba de la organización convivencial y el hombre era el encargado de satisfacer las necesidades básicas, dota de plena equidad a todos los habitantes. Aunque el patriarcado persiste, la implicación de todos para contar con estructuras organizativas paritarias es absoluta.

“Las comunidades creadas para gestionar cada zona de la ciudad están integradas por unidades convivenciales más o menos numerosas y todas ellas participan en la organización relativa al bienestar común, la sanidad, la justicia, la economía, la mujer o la defensa”. De hecho, uno de los aspectos relevantes que han podido constatar se centra en el empoderamiento de las mujeres, cuya presencia es de igual a igual con los hombres.

Fútbol y bombardeos

La realidad cotidiana está condicionada en parte por la proximidad de la guerra que persiste al otro lado de la frontera, en territorio turco. “En una ocasión vimos un bombardeo en la zona turca cuando estábamos jugando un partido de fútbol con un grupo de chavales. Es como si estuviésemos en Hondarribia y las bombas cayesen en Hendaia”.

Aunque Qamishlo es una zona liberada, tampoco está exenta de peligros debido a los coches-bomba preparados por los comandos del Daesh. Sus objetivos son las ciudades kurdas aunque, en muchas ocasiones, son detectados en los check-points de la milicia, y los hacen estallar allí mismo.

Uno de esos atentados tuvo lugar durante la estancia de los cuatro jóvenes bizkaitarras y provocó la muerte de cuatro miembros de las milicias kurdas que luchan contra el Daesh. Tres de las víctimas eran árabes y el cuarto era kurdo. “Es un ejemplo de la convivencia que existe entre etnias y religiones y que sirve para mostrar que en esa zona todos están contra el Daesh”.

Aunque el viaje protagonizado por los cuatro jóvenes acaba de concluir, sus vivencias y percepciones permanecerán en el blog que pondrán en marcha en breve en la página web ongietorrirojava.wordpress.com

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