“En mi trabajo soy una más”

Saioa Ortiz, a la derecha, junto a Justi Alfaro, de Geu Be.
Saioa Ortiz, a la derecha, junto a Justi Alfaro, de Geu Be.

Si algo llama la atención de Saioa Ortiz es la sonrisa con la que recibe a quien quiera detenerse a hablar con ella durante unos minutos. Su felicidad resulta contagiosa y así lo perciben muchos de los compañeros a los que saluda mientras recorre los pasillos de la tienda que Decathlon tiene en el polígono Montorreta de Durango. Esta berriztarra de 24 años empezó a trabajar allí en febrero y, desde entonces, sonríe mucho más.

“Está más contenta y mucho mejor de autoestima. Siempre está contándonos cosas de Decathlon porque, además, es muy participativa y pone mucho de su parte. Para nosotros es un ejemplo”, subraya Justi Alfaro, coordinadora de la asociación de familias especiales Geu Be.

Saioa tiene una discapacidad intelectual que no le supone ninguna barrera en su actividad laboral. Ordena estanterías, dobla ropa y atiende a la gente como cualquier otro trabajador de esta multinacional. Igual de capaz.

“La gente es muy maja. Me gusta mucho lo que hago y, además, me llevo muy bien con todos. Allí soy una más”, explica. En su lista de agradecimientos tampoco pude faltar Iraide Gaztelurrutia, una antigua monitora de Geu Be y actual empleada de Decathlon con la que Justi se puso en contacto para que hiciera de interlocutora ante la empresa. “Me enseñó mucho mientras estuve de prácticas”, recuerda Saioa.

Casos excepcionales

Ella no es la única integrante de Geu Be que ha encontrado trabajo en el mercado ordinario. Endika Zamalloa también lleva varios años trabajando en la tienda abadiñarra de Forum. Sus casos, sin embargo, son bastante excepcionales.

A pesar de que Euskadi lidera las mayores tasas de actividad de Europa en este campo con un porcentaje cercano al 43%, los niveles de desempleo de las personas con discapacidad siguen siendo muy altos. Y si nos fijamos en el mercado ordinario –no en empresas del Tercer Sector que trabajan por la inclusión social y la inserción laboral–, las contrataciones brillan por su ausencia.

Las estadísticas hablan por sí solas. Según un estudio de este mismo año, el 81% de las empresas estatales no cumple con la Ley de Inserción Laboral que establece una cuota mínima de un 2% de personas con discapacidad para compañías con 50 o más trabajadores y trabajadoras. Ni siquiera los beneficios económicos que conllevan esas contrataciones han provocado una reacción.

Ante un escenario tan poco alentador, casos como el de Saioa insuflan esperanza. La berriztarra sueña ahora con que le renueven el contrato y, ¡por qué no!, con poder ampliar su actual jornada laboral de 15 horas semanales.

El sueldo que percibe –el mismo que los otros trabajadores de la tienda– le ayuda a ser más independiente económicamente y poder hacer frente a algunos gastos. Entre otros, los de las clases de pintura que tanto le gustan y que hasta hace unos meses, como las de matemáticas y lenguaje, se encargaba de costear su amatxu.

Ortiz, junto a sus compañeros de trabajo.
Ortiz, junto a sus compañeros de trabajo.

Geu Be quiere implantar en Durango ‘pisos de respiro’ para favorecer la emancipación

En las familias de Geu Be hay una inquietud recurrente: qué va a pasar con sus hijos cuando ellos ya no estén. «Es algo que preocupa mucho a las madres», reconoce su coordinador, José Alfaro.

Con el propósito de dar respuesta a esta demanda, la asociación madura desde hace un tiempo la puesta en marcha de un proyecto de ‘pisos de respiro’ que impulse procesos de emancipación y permita a sus jóvenes pasar días de forma autónoma en esas viviendas. «Solo hay iniciativas de esas características en las capitales, pero a nosotros nos parece importante ofrecer respuestas más locales para poder gestionar mejor el trauma o los problemas que todos hemos vivido cuando nos hemos ido de casa».

Alfaro prefiere no aventurar plazos porque aún están pendientes de conseguir la financiación necesaria, pero cree que es un proyecto completamente viable y necesario. «Nuestros jóvenes son como cualquier otro joven: quieren trabajar, quieren vivir en pareja… Pueden necesitar más o menos apoyos, pero lo que quieren en realidad es ser adultos.  Y no lo son -prosigue el coordinador de Geu Be-, porque no se les deja serlo».

Esos procesos de emancipación se topan con un buen número de obstáculos, aunque el principal sigue siendo la dependencia económica de sus familias. «Una verdadera emancipación no se sustenta en ayudas. Necesitan trabajar».

Entornos integradores

En ese sentido, Alfaro censura el carácter «absolutamente despiadado» de un mercado que sólo persigue «la rentabilidad económica». «Las empresas deberían empezar a reflexionar sobre la responsabilidad social y sobre los beneficios de los entornos integradores. Está demostrado -remarca- que la productividad y la satisfacción de las plantillas es mucho mayor».

Saioa es, en este contexto, un ejemplo claro de integración que puede ayudar a abrir muchas puertas. «Nuestros chicos quizá no sean los más listos ni los más cualificados, pero son un factor corrector de la sociedad porque nos hacen pensar en lo verdaderamente importante. Además, su calidad humana es incuestionable».

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