Prohibir

Estoy empezando a estar hasta los cojones de que la prohibición, la sanción, la estigmatización sean la vía para que nuestras fuerzas vivas consigan cosas – «cosas», así, en general-. Todo esto es sintomático de algo: hemos fracasado, estamos fracasando, y tenemos la seguridad de que vamos a fracasar como sociedad. No soy yo el pesimista; lo son aquellos que recurren a la prohibición y al decreto punitivo para instaurar algo que debería ser normal, lógico, una práctica habitual, sin multas ni castigos generalizados.

Lo lógico es que no fume delante de mi hijo, porque soy una de sus principales referencias, y no quiero que acabe fumando cuando sea mayor. Y de hecho, no fumo delante de él. Y sin embargo, algunos médicos plantean que «fumar en presencia de niños se considere maltrato infantil». O sea, que le dedico casi todo el tiempo que tengo, le cojo en brazos las veces que me lo pida, acabo el repertorio de canciones, le dedico todas mis sonrisas, le acaricio su pelo, juego con él, lo beso, le sobo sus piernas con amor… aunque haga todo eso, si algún día me ve fumando, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica me dirá que soy un maltratador. Yo, un maltratador infantil.

No había otra forma para convencerme de que deje los dos cigarros que fumo al día. no había otra manera de proteger a los niños y niñas, más que pidiendo que se sancione a los maltratadores que algún día fumen delante de sus hijos.

Estamos en una sociedad que ha atravesado todos los límites. Necesitamos llamarle maltratador a un adulto que fuma; sancionar con una multa a quien conduce a 121, igual que a quien conduce a 180; necesitamos poner badenes en los pueblos para que la gente no conduzca a 80, cuando el 98% conduce a menos de 50 Km/h; necesitamos multar con 600 euros a aquel que se caga en las fuerzas de seguridad españolas… Necesitamos prohibir y sancionar, aunque la prohibición y la sanción no nos haga una sociedad más coherente, justa y amable.

Sin embargo, no prohibimos que miles de personas se vean avocadas a buscar en la basura; no prohibimos que alguien tenga que esperar seis meses para una operación de rodilla en el servicio público de salud; no sancionamos a quien permite que miles de refugiados mueran en el mar; tampoco ideamos una ley para que el sueldo mínimo suba a los umbrales de la dignidad; no legislamos para que las personas que sacan tajada en el Ibex aporten al bienestar general; no prohibimos por ley que un político prometa y no cumpla; no prohibimos que se torture a un animal en una plaza en un espectáculo público; por no prohibir, no prohibimos prohibir por prohibir.
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Julen Orbegozo kazetaria da

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