Otra vez Teresa

Teresa Flor de Romero no debería
morir nunca, por eso ha vuelto del borde de la
muerte gracias a su coraje y ganas de vivir. Y
nos ha dado toda una lección de
muchas cosas que tenemos olvidadas.

Teresa se ha posicionado clara y
tajantemente, sin rencores ni reproches, frente
al mundo del que se despidió cuando
se ofreció voluntaria para atender a un
ser humano enfermo de ébola. Teresa
ha dado gracias a Dios y a Santiago
Apóstol, ha confesado sin rubor sus
creencias, pero al mismo tiempo ha marcado
sus distancias frente a la que ella considera
mala gestión de una «política
nefasta». Porque en el mundo de Teresa
cuentan los trabajadores siempre al pie del
tajo, sus compañeros de
profesión, la mejor estructura sanitaria
del mundo, según dijo ella.

Y uno se acuerda de cómo en 1936
se confundieron y formaron frente
único iglesia católica y
sublevación militar, mientras que otros
desde la izquierda se dedicaron a fusilar
religiosos y quemar conventos. Y uno ve hoy
mismo cómo los altos mandatarios de
la Iglesia católica se codean y hacen
piña con gobernantes corruptos…

Y a unos y otros les dice Teresa que una
cosa es la religión, y otra cosa la
política, y que cuando la
política es nefasta hay que decir que es
nefasta, y Teresa solo ha invitado a su
presentación en público al
público en general y al personal
sanitario…

Y Teresa ha mandado su saludo a la
Hermana Paciencia, con cuya sangre, sangre
africana subsahariana, ella ha conseguido
curarse. Y Teresa se alegra de llevar sangre
negra en sus venas, y arde en deseos de
abrazar a la Hermana Paciencia.

Por boca de su marido Teresa Romero ha
tenido un recuerdo para su perro Exkalibur.
Ella y su marido, al no tener hijos,
habían adoptado como hijo a su
mascota, sellando así el pacto de amor
de los seres humanos con el mundo que nos
rodea, con el medio natural. Y ha reclamado
un respeto a todo ser viviente, y ha recordado
a los que sacrificaron a Exkalibur que se han
equivocado, que no había
ningún motivo para sacrificarlo, que
por qué no se lo pensaron antes de
matarlo…

En este mundo corrompido por el
afán de dinero, en el que los seres
humanos son tenidos como simples
números y los negros ni siquiera
alcanzan esa categoría y solo son
portadores de epidemias, Teresa ha
proclamado los derechos de la persona y de los
pueblos y de las razas, y se siente hermana de
la Hermana Paciencia.

Y por supuesto ha ofrecido su sangre hasta
quedar seca para combatir la enfermedad del
ébola. Porque cuando uno se juega la
vida una vez por una causa, la tiene siempre a
disposición de esa misma causa.

Tal vez si el misionero que murió a
pesar de sus cuidados hubiese tenido esas
mismas ganas de vivir, esa misma
disponibilidad y espíritu de servicio,
habría podido sobrevivir…

 

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Honorio Cadarso

Honorio Cadarso es periodista

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