Los hijos de Putin

Uno en verano, como no es inmigrante sin tarjeta sanitaria, ni de momento parado, ni médico en un hospital privatizado, ni ha cobrado sobresueldos del PP, ni vive en Gibraltar, puede descansar, viajar y hacer un consumo desmesurado de televisión y asistir así en directo a un mundo bipolar en el que los tibios avances de unos son superados por los enormes retrocesos de otros.

Como en un retorno a la guerra fría, Europa se divide en dos bloques: el de la libertad con retrocesos sociales a lo Margaret Thatcher y el del Este, con un capitalismo sin correctivos y muy salvaje, pero con cada vez menos libertades. Al caer el bloque comunista no podemos decir que económicamente las clases medias salieran excesivamente favorecidas en ciertos países pero ganaron algo: por ejemplo, abandonar la rigidez, que las mujeres no dependan de sus maridos, y que los gays y lesbianas dejen de ser encarcelados.

Así, en 1993, Boris Yeltsin -famoso por su afición al vodka-, anula el articulo 121.1 del código penal aprobado por Stalin que consideraba que la homosexualidad era un crimen contra la naturaleza, la sociedad y la ¿utopía del estado de los trabajadores? (Están locos estos romanos). Por lo visto, Stalin consideraba que tanto judíos como homosexuales tenían que ser gente adinerada, burguesa y enemiga de clase. Lo que es una curiosa coincidencia en enemigos como Hitler, algunos presidentes de repúblicas islámicas y Rouco Varela.

El pueblo ruso y Boris Yeltsin compartían su afición por el vodka, pero aparentemente no su idea de libertad de movimientos y elección de pareja y modo de vida para gays, lesbianas y transexuales. Un estudio realizado en Rusia en 1995 por Michael Specter, avalado por encuestas realizadas posteriormente por medios de comunicación, indican que solo un 3% de los y las rusas acepta la homosexualidad y un porcentaje muy amplio apoya que sean asesinados. Por lo visto, las ideas de Stalin y de la nada tolerante Iglesia Ortodoxa Rusa (a millones de años luz del nuevo Papa Francisco) calaron hondo y ahí siguen (y tenemos iglesias ortodoxas entre nosotros, aunque normalmente solo nos acordemos de la católica a la hora de criticar).

En este contexto, Putin aprueba una vuelta al pasado ante la indiferencia y la crítica con la boca pequeña del antiguo bloque del Oeste (Alemania es la única que ha dado la cara en este tema). La nueva ley antipropaganda gay de Putin permite perseguir los actos homosexuales, detener a la gente por dar muestras de tendencias homosexuales en público y además nos obliga al mundo en general a “disfrutar” de futuras generaciones de homófobos gracias a su “educación para la inciudadanía”. Aunque para no cargar todas las culpas en Putin hay que señalar que ya en 2006 la región de Riazán creo una ley similar, que se ha ido extendiendo por todas las regiones hasta su aplicación en todo Rusia.

El resultado de todo esto son agresiones violentas gratuitas, muchas veces grabadas en vídeo, y la consideración por la sociedad del agresor como un héroe que, además, nunca será perseguido por la ley, al contrario que el agredido. Pero como en los peores sueños de Orwell al escribir “1984”, el gobierno ruso va más allá reescribiendo la historia, haciendo heterosexuales a personajes ilustres de su rica historia cultural como Tchaikovsky, compositor del “Lago de los Cisnes” o “El Cascanueces”.

Y ahora, imitando a la ministra de trabajo Báñez, Putin pone en marcha un sistema de denuncia, pero en lugar de para avisar de que alguien no paga a la Seguridad Social, para que denuncie a su vecino o vecina gay. Lo más probable es que al de unos días esa persona aparezca muerta como todo aquel que se atreve a levantar la voz en ese país.

Y otro día hablamos de aquí mismo: de las fantásticas y educativas letras del reggaeton con su tolerancia, respeto hacia la mujer, al diferente… O de los grandiosos personajes de televisión que son todo civismo, respeto a los demás y buena educación. Para que si algún día también retrocedemos en algo más que servicios públicos, nadie se lleve una sorpresa.

Durangon Whatsapp

Técnico de la Oficina de Información Juvenil de Amorebieta.

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