Los ayuntamientos y el ladrillo

¿Qué medidas adoptan los ayuntamientos para facilitar y abaratar a sus vecinos el acceso de los niños a guarderías o colegios a nivel preescolar? ¿O quizá evitan intervenir en ese particular para prolongar y garantizar sus ganancias a los centros privados que atienden este aspecto? ¿O quizá prefieren mantener en Euskadi y en sus localidades el envejecimiento de la población y el nivel mínimo de natalidad, y mantener a la mujer en su función tradicional de ama de casa y alejada de una profesión laboral remunerada?

Existen, según dicen, datos exactos del número de viviendas vacías, y del precio de viviendas en propiedad o en alquiler, exageradamente elevado para el nivel de ingresos de la mayoría de los ciudadanos. Pero, a pesar de que nuestro stok de viviendas está infrautilizado, los ayuntamientos siguen autorizando la construcción de viviendas nuevas, en vez de estimular las mejoras y los ascensores en las antiguas.

¿Qué gastos prevén los presupuestos municipales para mejorar las condiciones higiénicas y los urinarios de uso público? ¿O quizá prefieren obligar a los vecinos a usar los sanitarios de los bares? ¿Acaso tienen en cuenta la limpieza de estos servicios a lo largo del día, o se limitan a pagar limpiadoras por una sola pasada a primera hora

Para los jubilados, el disfrute de un trozo de tierra con agua para riego sería una manera de entretenerse, mover el esqueleto  y hacer vida al aire libre. De hecho algunos ayuntamientos tienen un presupuesto para ofrecerles esta oportunidad, otros reservan sus dineros para otros menesteres. Quizá nuestros munícipes consideran que es más saludable y menos incordiante asegurarles un local para jugar a las cartas y un bar con precios asequibles para el amarretako.

Felizmente, las bibliotecas municipales ofrecen sus libros para llevar a los aficionados a la lectura. Pero no todos los colectivos pueden disponer de un local donde reunirse, y los centros culturales de propiedad municipal, pese a disponer de locales abundantes, permanecen cerrados e infrautilizados porque tienen un precio de alquiler a tanto por hora.

Recientemente, una corporación municipal ha publicado por su cuenta un balance de su actividad en este año y del cumplimiento de su programa presupuestario. Prácticamente el total de los proyectos y de las realizaciones aparecen como dedicadas al «ladrillo», a obras, a nuevos edificios, o a derribar algunos para sustituirlos por otros nuevos.

Es como si los ayuntamientos hubiesen sido creados para dar trabajo a las empresas de construcción, y no a facilitar y mejorar las condiciones de vida de las personas, su salud, su cultura, el disfrute del tiempo libre…

Por supuesto, las obras que se construyen suponen una mejoría de las condiciones de vida. Pero cabría preguntarse si el coste de esas obras no será quizá exagerado, y sería más rentable dedicar el dinero a otros usos más provechosos y menos costosos.

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Honorio Cadarso

Honorio Cadarso es periodista

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