La enfermedad, una oportunidad para sincerarnos

Cada ser humano es único y completo. Forma un todo integrado, que actúa como una unidad indivisible en cualquier circunstancia, e interacciona con el Universo, que le envuelve y posibilita. Esta es la idea básica de la medicina holística. El cuerpo humano no está fragmentado en partes. Lo que vemos a simple vista no es sólo lo que somos. Detrás de un ???cuerpo que vive??? hay sentimientos, emociones, pensamientos, creencias??? billones de células interconectadas, que contienen individualmente la información completa del organismo entero.

La medicina holística entiende las dolencias que padecemos como un desequilibrio de la fuerza vital, que se muestra mediante signos y síntomas, es decir, señales de que algo no funciona bien, no sólo en la parte física, sino en los ámbitos mental, emocional y espiritual. La fuerza vital es la energía que mantiene unido nuestro ser (cuerpo-mente). Cuando esta fuerza desaparece, el cuerpo se descompone; se desintegra.

Thorwald Dethlefsen, psicólogo, y Rüdiger Dalhke, médico, ambos alemanes, en su libro ???La enfermedad como camino???, muestran de manera gráfica la interrelación entre todas las partes del ser: ???Un cuerpo no hace nada en sí mismo; para comprobarlo, basta ver un cadáver. El cuerpo de una persona viva debe su funcionamiento a estas dos instancias inmateriales que solemos llamar conciencia (alma) y vida (espíritu) (???) La conciencia es al cuerpo lo que un programa de radio al receptor???. Así, la enfermedad es una pérdida de armonía que ???se produce en la conciencia, en el plano de la información; y en el cuerpo, sólo se muestra???.

La pérdida de equilibrio energético responde a causas profundas. No solamente a la herencia o a la genética, a las disfunciones orgánicas o bioquímicas. Ante cualquier enfermedad, no deberíamos delegar la responsabilidad en quienes ejercen la medicina convencional o complementaria para curarnos. Confiar en que nos quiten los síntomas, en realidad, es barrer bajo la alfombra, quedarnos en la superficie. La salud no consiste únicamente en la ausencia de síntomas. La Organización Mundial de la Salud (OMS), allá por 1946, cuando aun no estaba al servicio de la gran industria farmacéutica, la definió como un ???estado completo de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad???.

Nuestro deber como ???sufrientes??? debería ser corresponsabilizarnos de nuestro bienestar, hacer de detectives en nuestro interior, indagar en nuestras desarmonías y actitudes, diseccionar nuestras carencias o excesos, comprender nuestras iras y rencores, auscultar nuestras conductas y temores, nuestros afectos y desamores??? para verdaderamente sanar.

La vida nos habla constantemente en voz susurrante si estamos atentos y receptivos. Cuando nos negamos a escuchar, nos grita. Así, los síntomas son mensajes de la conciencia, del alma, que requieren nuestra atención. Y la enfermedad, según la gravedad, es un aullido desgarrante que reclama ser oído y que nos pide modificar nuestro comportamiento, nuestra actitud.

Desde este punto de vista, los síntomas y la enfermedad son una puerta abierta al cambio. La oportunidad de sincerarnos con nosotros mismos, de aceptarnos y amarnos por lo que somos. La ocasión perfecta que nos brinda la vida para el desarrollo personal y la evolución de nuestra auténtica esencia.

 
Aurora Julià.  Naturópata-Homeópata.  Abadiño

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0 Comentarios

  1. Nerea
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    Hola Aurora, suelo seguir tus articulos con interés. Aportan un punto de vista que me hace reflexionar. Uan propuesta para la próxima: el tema de las vacunas infantiles que genera tantas opiniones. Eskerrik asko.

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  2. Ziur
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    Muy cierto. La enfermedad es como la conciencia. Actúa como alarma que nos indica que tenemos que prestar atención a lo que somos y a lo que estamos y no estamos haciendo.

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