El gemido de la Tierra

el mundo vomitandolLas cada vez más escasas bodas, bautizos y comuniones están comenzando a ser reemplazadas en las agendas por otras celebraciones, entre las que destacan las de las décadas y las despedidas de soltería. Estas están alcanzando tal dimensión que casi requieren más tiempo, energía y presupuesto que el propio enlace matrimonial, ya que no nos conformamos con organizar una cena más o menos festiva, no. Hay que coger un avión desplazarse a mil kilómetros de distancia, pasar el fin de semana fuera y volver a trabajar con la resaca encima.

La conmemoración de las décadas, por lo que yo conozco, se suele quedar en una fiesta, a la que se trata de invitar a cuanta más gente mejor. Pero al tiempo. Después de los fastos del 80º aniversario del premio nobel abonado últimamente al ‘Hola’, se ha establecido un nuevo paradigma en esta materia: varios días y cientos de personas. Y es que esta revista marca tendencias en cuestión de vida social.

Las grandes conmemoraciones en la vida de las personas tienen, o así debería ser, la función de rito de paso. De marcar las transiciones: de la niñez a la adolescencia, de ésta a la edad adulta, de la soltería a la unión duradera con otra persona, de ahí a la maternidad o paternidad si se da el caso, y finalmente de la edad laboralmente activa a la jubilación. Todas las culturas solemnizan el comienzo de las etapas vitales. Después de todo, la existencia es un regalo e ir progresando en sus distintas fases constituye un privilegio del que no siempre se puede disfrutar.

Ahora bien, me pregunto qué cambia en la vida de una persona al día siguiente de cumplir ochenta, cuarenta o cincuenta años. Y a santo de qué viene tanta desmesura, cuando decenas de millones de personas refugiadas claman a las puertas de la opulenta Europa, mientras construimos diques de hormigón para que sus lágrimas no agüen nuestros juegos florales.

Del papel ‘couché’, a la prensa diaria. Miro los digitales y se me vuelve a agitar el estómago ante tanto ‘postureo’, latrocinio y corrupción. Un día sí y otro también, más de lo mismo. Paso rápidamente la vista por el enésimo capítulo de los ‘papeles de Panamá’ y otras tropelías, y en una esquina leo lo siguiente: “El cambio climático altera el eje de rotación de la Tierra”. Se explica que la inclinación observada es poca cosa, nada preocupante. No me convence el argumento y, en un ejercicio de imaginación, me figuro al planeta, como ente vivo que es, flexionando su cuerpo hacia adelante. Lo veo vomitando a unos cuantos indeseables, cansado de llevar a sus espaldas tanta injusticia y degradación.

 

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Mertxe Arratibel

Periodista, feminista, coach. Os presento mis ocupaciones principales pero soy mucho más que eso.

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