Fotografiar puede ser una afición de riesgo

Fotografiar puede ser una afición de riesgo

No tengo mucha idea de setas, tan solo decir que me apasiona cocinarlas y disfruto comiéndolas. Sin embargo, a la hora de identificarlas no tengo ni la más remota idea, y el hecho de que las haya venenosas me acobarda aprender a ello. Tampoco soy muy dado a fotografiarlas, pero con la excusa de un concurso fotográfico que se suele organizar en Abadiño de la mano de la asociación micológica Geredixa, una mañana madrugué a la caza de estos singulares seres. Dado que no soy un experto en esto, me costó localizar alguna. Finalmente las encontré, eran tan diminutas que a penas las vi, a pesar de que fuesen un número muy grande.
 
Las localicé en un terreno que no es particular, pero que tiene pinta de serlo. El caminito que lo atraviesa siempre ha estado abierto, pero sospecho que es privado. Al no haber ningún cartel que lo prohibiera o valla que me impidiera entrar, me adentré por el caminito. Fui avanzando y me fijaba en las zonas arboladas, oscuras y llenas de humedad para encontrar el objetivo de mi salida fotográfica. Cuando pensaba que mi aventura en esa zona había sido un fiasco vi un grupo de setas bastante grande, en cantidad no en tamaño, y pensé que podría ser lo que andaba buscando.
 
Sin reparar en el barro y la humedad que había en el suelo me tiré dispuesto a hacer la foto. Había poca luz, y para conseguir la imagen adecuada tenía que bajar la velocidad de disparo. Por lo tanto, no podía hacerla a pulso, así que me las ingenié para posar la cámara sobre la mochila y la funda buscando el encuadre perfecto hasta que empecé a pensar en que resultado quería obtener.
 
Cuando llevaba unos 10 minutos agazapado haciendo la foto comencé a oír unos ruidos extraños, como si algún casero estuviera talando árboles a machetazos. En un principio no le di mayor importancia. Cuando acabe la sesión de fotos con las setas, recogí los bártulos y volví a salir al camino. Seguía oyendo los ruidos, cada vez más fuertes, a cada paso me estaba aproximando a la fuente de esos sonidos. Al doblar una curva, divisé a unos 15 metros a un hombre que se quedó parado mirándome y tenía algo en la mano. A causa de mi leve miopía no pude identificar lo que era, pero al acercarme vi que era una carabina (no tengo ni idea de armas, igual no era eso, lo que sí sé es que era grande y no metía mucho escándalo). ¡El tipo estaba practicando tiro allí mismo con una diana de papel en mitad del camino! ¡Podía haber sido yo su diana!

La verdad es que no sé quien se llevó más susto: si yo por ver al personaje armado o él por ver que me podía haber dejado como un colador. Tras la sorpresa inicial, al pasar a su lado me preguntó «¿a dónde va este camino? ¿Es frecuentado?». ¿Y me lo preguntas a mí? ¡Echa un vistazo tú mismo, no te plantes en el primer sitio escondido que veas! Tras este susto seguro que no ha vuelto a ese lugar.

Foto: Javier Ferdo

Durangon Whatsapp

Fotógrafo, casi periodista y monologuista.

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