El show de la NBA vs sentir los colores

La actualidad deportiva ha sido nutrida esta Semana Santa. La Vuelta al País Vasco que se apunta Samuel Sánchez, Giovanni Visconti que se ha hecho con la 58 Klasika Primavera de Amorebieta, el Gescrap Bizkaia Bilbao Basket que sigue ganando y están en play-offs, el Athletic que se mete en semifinales de la Europa League y que gana al Sevilla este domingo, que vuelven las motos y lo hacen en Tele 5, la Copa Davis…

Y pese a todo, lo siento pero me desmarco y me salgo por peteneras para contarles la última experiencia. Como amante del baloncesto tengo la suerte de haber sido testigo directo de partidos ACB, finales de Copa del Rey, de Euroliga, Europeos, Campeonatos del Mundo, los Harlem Globetrotters y un par de encuentros de equipos NBA en sus tours por Europa…, ojo y muchos encuentros de patio de colegio. Pero me faltaba algo, ver un partido NBA en directo. Esa opción la he tenido hace un par de semanas, pude disfrutar del Toronto Raptors-Miami Heat, y señores, nada que ver con lo vivido hasta el momento, ni mejor ni peor, diferente.

La gran diferencia es el concepto que tienen ellos de lo que es el deporte. Para los canadienses, en este caso, como para los estadounidenses, el deporte es una forma más de ocio, un entretenimiento al que acudir después de una jornada de trabajo. Allí los partidos no siempre empiezan a la hora porque las televisiones, el negocio, es el que manda y los partidos se retrasan hasta que las TV puedan enlazar en directo. En nuestro caso el partido debía de comenzar a las 19 horas pero el choque no comenzó hasta las 19,15 horas cuando cogieron la señal en directo. A veces se retrasa por cuestiones de actualidad y otras porque el partido anterior se ha alargado más de lo esperado, así de sencillo. Y allí ni los técnicos, ni los jugadores se quejan, saben que cobran de la TV y que están a su merced. Aquí en cambio el técnico del BBB se queja porque la televisión quiere dar su partido ante el Banca Cívica y eso le deja con menos de 48 horas para preparar el choque tras el viaje de Moscú y dos partidos ante el CSKA. Vaya que Katsikaris no está preparado para la NBA…¿Y cuándo al Bilbao Basket no le daban por la tele? Los seguidores hubiéramos dado lo que fuera por poder seguirle también lejos de La Casilla, pero de eso el poderoso ya no se acuerda.

Perdón que me lío, pues eso que la televisión manda y allí se juega cuando lo dictan los medios y en consecuencia los aficionados, y se hacen entrevistas antes del partido, al descanso y al final, y eso aquí todavía no se estila.

Además del retraso del inicio del partido comentado, en el Toronto-Miami me repateó ver a Lebron James haciendo sus pasos de ‘break’ durante el calentamiento. La típica rueda de entradas era parada constantemente por los pasos de baile de la estrella, Wade le seguía las gracias y sin aparente orden la parejita se arrancaba con un simulacro de combate de boxeo…Sinceramente, lamentable. ¿Eso es parte del show?, pues sí, pero no me gustó en absoluto y habitualmente eso no se ve por la televisión y lo agradezco. Los niños son como esponjas, tienen sus ídolos y ver a niños de 9 años celebrar goles haciendo como que un compañero le limpia la bota, haciendo el arquero de Kiko y compañía, pues no me gusta, como tampoco cómo celebran canastas otros peques en basket. Esas escenas no deben de ser imitadas ni potenciadas.

También está el tema de los himnos antes de los partidos. En la NBA, a unos 12 minutos antes del inicio de choque se cantan los himnos de los países de los equipos que disputan el encuentro. No sé, no me gusta el sentido nacionalista que tiene pero tal vez es porque no tienen himnos sus equipos…Ello lo revisten a modo de show.

Una vez en marcha el partido, los de los perritos calientes, los nachos, las palomitas y bebidas no paran de pasar de un lado a otro. Allí vas a ver un show y de paso cenas. Pero curiosamente pueden servir bebidas alcohólicas. En un país que presume de ser tan civilizado venden cerveza y demás en recintos deportivos, algo impensable ya en Europa. Me chocó, pero hice el comentario con mis compañeros de aventura y su respuesta me convenció, “son tan civilizados que nadie montaría un espectáculo o se emborracharía para liarla en una cancha”. Y sinceramente, creo que es cierto. Tal vez aquí no nos sepamos controlar o más bien, y aquí viene la clave, es que para nosotros ‘nuestro equipo’ -y da igual que sea de fútbol, de basket, de balonmano, etc- supone una identificación, unos sentimientos, los colores se sienten. Allí se va a disfrutar de un espectáculo. Se aplaude el mate de Lebron en Toronto sin problemas aunque sirva para empatar el choque a 2 minutos del final –aquí aplaudimos a Roney porque estábamos clasificados, tengo mis dudas si se hubiera reaccionado igual si nos estuviéramos jugándonos la eliminatoria-. Obviamente en USA y Canadá prefieren que gane su equipo pero no se llevan ningún disgusto por la derrota, es como un teatro con unos actores que deben satisfacer las expectativas. Por todo ello es difícil ver broncas entre aficionados, los seguidores no se desplazan (las distancias allí son mucho mayores), no hay gente ebria ni que se enfada por una decisión arbitral. Allí se pueden poner las repeticiones en el videomarcador y comprobar cómo los árbitros acaban de equivocarse y no por ello se les lanza cosas ni se les insulta, sólo se les abuchea 2 segundos y seguimos con el juego. En la ACB no se puede tomar esa medida, de momento.

Tal vez eso es muy frío, muy distante, sinceramente no me gustaría, seguir así a un equipo es difícil, pero es otra visión, el gusto del deporte por el deporte, independientemente de los colores. Aquí si ves un partido que no es de tu equipo la pregunta es “¿con quién vas?”, pues allí la respuesta es muy probable que sea que “con nadie”. La disyuntiva el ‘show vs sentir los colores’ de momento la resuelvo a favor del sentimiento pero no te digo yo que con la edad…

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Naia Fernández es periodista

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