El salto

Aparte de la campaña electoral y la ruina del Estado no se habla de otra cosa estos días que del sideral lanzamiento de Felix Baumgartner desde una altura de 39.000 metros. El hecho, además de constituir un record, ha sido tildado de hazaña, y el austriaco de héroe.

Y yo me pregunto si estoy perdiendo el sentido de las palabras, o son los periodistas, que siguen creando opinión, pues aún proporcionan tema para el bar y la cola de la frutería, quienes lo están haciendo. Lo compruebo. Busco en el diccionario y leo: ‘héroe’, Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. Y ‘hazaña’: Acción o hecho, y especialmente hecho ilustre, señalado y heroico.

Me parece que el salto de Baumgartner no encaja en ninguna de estas definiciones. Tal vez se lo podría calificar de… ¿espectacular? No mucho más allá de eso. Porque ¿qué aporta al bienestar de la humanidad el capricho de este paracaidista, aparte de la publicidad de la bebida energética que llevaba tatuada en el traje de astronauta y que a partir de ahora se venderá más, se supone que también para beneficio de los empleados de la firma?

Reconozco que no soy amiga de este tipo de récords. No me parece especialmente reseñable la resistencia de alpinistas que escalan no sé cuantos ‘ochomiles’ o intrepideces de este tipo. ¿Que lo hacen? Mejor para ellos, pero ¡A mi qué! Creo que sirven más que nada para que ciertas personas alcancen notoriedad y además, como se sabe, con procedimientos bastante discutibles.

El fútbol o el ciclismo me parecen otra cosa porque involucran a mucha gente y hacen disfrutar (también sufrir, es cierto) a millones de personas. Otro debate son los sueldazos de los figuras y las deudas de los clubes.

Al final, vivimos en una sociedad donde la banalización del logro nos lleva a aplaudir acciones más propias del narcisismo adolescente que del talento aportado por personas maduras al progreso y al bien común.

Como mucho, se puede atribuir a estas acciones el valor de la constancia, el riesgo y la obstinación. Pero vemos pruebas de esto por todos los lados y con fines más nobles sin que se consideren mérito suficiente para acaparar las portadas de los informativos.

Por último, estas exhibiciones me parecen un circo teniendo en cuenta los apuros que está pasando mucha gente en estos momentos. Se acaba de conocer que los Servicios Sociales estatales atienden ya a 8 millones de personas y que el presupuesto para ayudas de emergencia se ha reducido en un 65,4%. Mientras, las grandes fortunas han aumentado su patrimonio hasta en un 50%. Para acrobacias, malabarismos y saltos al vacío, las familias.

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