Blancas ganan

Cualquier día de invierno en nuestro parque, uno de los árboles pelado y podado se quejaba amargamente a su convecino de hoja perenne:

  • “El pelao”: -Siento profundamente esta discriminación de la Madre Naturaleza. ¿Por qué me desnuda cuando más falta me hace el abrigo y a vosotros os mantiene siempre igual? En invierno estáis protegidos del frío y en verano os mantenéis frescos gracias al mismo manto.
  • “El verde”: -No te quejes tanto. Además de ser feo durante los días más cortos del año, también eres más fuerte y resistente. La gente puede observar en ti que cada primavera resurges con brío y ofreces tu mejor imagen. Nunca se fijan en nosotros, que nos volvemos vulgares, pero lo hacen en vosotros. Hay más razones: dais trabajo y cuando vuestras hojas caen se aprovechan para el compostaje.

 

  • “El pelao”: -Sí, pero muere parte de mí. Me mutilan y pienso que es como cuando les conducían a los judíos a los crematorios, y no puedo hacer nada para impedirlo. Me estoy volviendo paranoico.
  • “El verde”: -Sabes, el otro día pasó ante nosotros un cochazo y curiosamente el chófer era blanco y el patrón era negro. ¿Los viste? Pensé que es un poco como nuestra historia y que cada uno estaba en el lugar que le corresponde, siendo útiles ambos.

 

  • “El pelao”: -Oí comentar que el negro se sirvió del blanco para transitar por un terreno peligroso porque era necesario. Vivía en un palacio sentado en su trono cómodamente. No se conformó e intentó cambiar la situación posando su culo de color en un asiento exclusivo para la raza aria.
  • “El verde”: -Sin embargo, siendo un privilegiado y viéndose rechazado como tú, dudó de su lugar en el mundo, mientras que su sirviente tenía la certeza de que realmente el negro era él, a pesar de poder sentarse entre los de su raza. ¿Acaso quieres ser como el primero?

 

  • “El pelao”: -Ya lo soy. En invierno ningún pajarillo puede venir a refugiarse entre mi follaje mientras veo con envidia cómo acuden a ti y les das cobijo.
  • “El verde”: -No creas que es una ventaja. En muchos momentos del día me vuelven loco con sus trinos. Van y vienen cuando quieren y tengo que aguantarlos.

Cuando terminé de escuchar esta interesante conversación, supe cuál de los dos árboles simbolizaba al artista de piel azabache. Me quedé no obstante con la duda de quién de los dos representaba el corazón negro.

Resulta difícil discernir, máxime cuando cada día más, la condición social es la que estigmatiza, no la piel, y en este punto el juego se reduce a dos contendientes, como en un tablero de ajedrez.

Tal vez por eso no me extrañó observar uno con todas las fichas blancas en los dos bandos del campo de batalla, sobre la mesita junto al cetro de aquél genial músico negro. Blancas siempre ganan.

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