Arroces del mundo

Arroces del mundo

Qué buen rollo, qué buen ambiente, qué compañerismo, qué camaradería??? se vivió el pasado sábado 15 de junio en la plaza de Ezkurdi de Durango celebrando ???Arroces del mundo???. Esta fiesta alrededor del arroz, el alimento que más se consume en todo el mundo, organizada por Sartu-Zabaltzen reunió a más de 650 personas a la mesa y a los fogones. Cada asociación preparaba un arroz a su gusto, en el que se podían ver como cada país prepara este cereal según su cultura.

Se vivió un ambiente de alegría, en el que cada uno dejó sus problemas en casa y disfrutó de la fiesta. Momentos así son los que se necesitan en estos tiempos de sombras y malos rollos, en los que enciendes la televisión y tan solo hay malas noticias que cabrean a uno y lo llenan de impotencia. Estaría bien compartir todas las semanas un día como este, con buena compañía para irse a casa con una sonrisa.

Un resumen de la jornada en este vídeo: http://www.youtube.com/watch?edit=vd&v=80WSzvbg2A8

Arroces del mundo 2013

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Fotógrafo, casi periodista y monologuista.

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Arroces del mundo

El Ezkurdi de Durango, la bilbaína Plaza del Corazón de María de San Francisco y el barrio de Otxarkoaga vivieron el pasado fin de semana una comida popular con un menú repetido de arroz: arroz a vasca, a la senegalesa, a la maliense, a la ganeana, a la guineana… Cocineros y cocineras autóctonos y de Africa o Asia, inmigrantes en Euskadi, ofertaron lo mejor de su artesanía culinaria, bajo el patrocinio de instituciones públicas vascas y entidades benéficas.

Al mismo tiempo, en el Arenal, bajo la batuta del «maitre» David de Jorge, Bilbao batió «otro» record, ( ya see sabe, los de Bilbao siempre batiendo records…) cocinando una hamburguesa de la cual se sirvieron 4.000 pinchos, a un euro el pincho, a beneficio de Cáritas.

Mucho Tercer Mundo, mucha caridad, simpáticos gestos de solidaridad con nuestros inmigrantes y con toda la geografía del hambre que se alimenta, «cuando puede y le dejan» casi exclusivamente de arroz. Porque lo de David de Jorge, la hamburguesa, la carne, no suele formar parte del menú de los pobres del mundo…

En Durango se sabe, y si no lo saben pueden preguntarlo a cualquier africano, que los inmigrantes magrebíes o subsaharianos, da igual, suelen comprar el arroz por sacos de 25 kilos. Hace un año, pagaban por un saco de 25 kilos alrededor de 15 euros. Hoy, lo están pagando a 22 y hasta 30 euros, según sea la calidad del producto.

Los «mercados», ese ente sin corazón y sin rostro que decide desde Londres o Nueva York a cómo debemos pagar el petróleo, o los créditos que les piden los países de la Europa del sur, o los cereales, esos dichosos mercados decidieron desde el verano pasado que los precios de los alimentos esenciales del Tercer Mundo debían subir. Y entre esos precios ha subido el arroz.
Justo cuando nuestros inmigrantes están sometidos a procesos de regulación de empleo que están dejando a muchos de ellos en la calle, sin subvención municipal, sin derecho al paro, sin nada. Justo cuando, por culpa de la crisis del pepino provocada por Alemania, les ha fallado la solución de irse a Almería a trabajar en los invernaderos.

Sabido es, los que tratan con los emigrantes lo saben, que la puerta de entrada de los africanos en el mercado laboral español es Almería, sus invernaderos. En Almería reciben los inmigrantes los peores jornales, se pagan el seguro, trabajan en torno a doce horas diarias, etc. etc. Luego van subiendo por la península arriba y su sueño es recalar en Euskadi, donde al parecer consiguen unas condiciones de trabajo y un trato más aceptable.

Allá en Ezkurdi, en torno a las perolas donde se preparaba el arroz, un senegalés en paro desde hace tiempo contó que «en vista de que aquí no hay trabajo, me fui a Almería; trabajé allí quince días, tenía que pagarme el seguro por mi cuenta, finalmente vino la crisis del pepino y me despidieron. Y he vuelto, allá ya no hay trabajo, están despidiendo a muchos; y vivo con un amigo… No tengo nada».
Le queda a nuestro amigo el arroz, que paga el compañero que todavía tiene trabajo. El arroz mucho más caro que el año pasado.

Y mientras tanto, en Europa sube como un tsunami la marea del rechazo hacia los emigrantes, atizada por movimientos de extrema derecha que crecen en Suecia y en los países nórdicos, en Alemania, Austria, Holanda, Francia, Inglaterra… Dicen que está entrando por Cataluña, una de las comunidades más «europeizadas» del estado español. De hecho, gentes y grupos políticos catalanes hostiles a los inmigrantes han alcanzado en las últimas elecciones municipales la alcaldía de Badalona y otros cargos municipales de relieve.
Mientras tanto, mientras se acusa a los inmigrantes de que le salen demasiado caros al Estado por lo que gastan en enseñanza, sanidad y ayudas sociales, estudios recientes como uno redactado por la Caixa titulado «Inmigración y Estado del bienestar en España» demuestran que los inmigrantes siguen aportando al Estado español mucho más de lo que reciben, pese a la crisis. Y apuntan cantidades que rondan los 3.000 millones de euros anuales de esa aportación.

Los inmigrantes, con sus arroces, con su aportación a las arcas del Estado, con su trabajo y con la incomprensión de tantos europeos, nos devuelven una imagen de la Europa verdadera. Esa Europa que tolera a los sindicatos y organizaciones obreras, pero exige recortes salariales, subida de impuestos indirectos y del IVA, retrasos en la edad de jubilación, trabajar más y cobrar menos, más dinero para los bancos y menos dinero para el estado del bienestar.

Esa Europa nuestra, como veníamos diciendo, que abolió en un tiempo la esclavitud, pero hoy la sustituye con otras formas más discretas y edulcoradas como las que venimos comentando aquí.

Es verdad que esta Europa, en plan «masoca», especula con el precio de los alimentos esenciales del Tercer Mundo. Pero por lo menos, algunos europeos, algunas instituciones europeas, ponen en marcha, para equilibrar la balanza, los comedores de Cáritas y las fiestas de Arroces del mundo y de Hamburguesas gigantes.
 

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