Argentina

La expropiación de YPF, la petrolera argentina que Repsol adquirió en 1999, por parte del Gobierno de Cristina Fernández Kirchner ha causado un revuelo mediático y político descomunal.

Llama la atención que el Gobierno español, incluso el principal partido de la oposición, el PSOE, hayan convertido en ???cuestión de Estado??? los intereses de una empresa privada. Si bien no se trata de una firma cualquiera, sino de una multinacional. De modo que si albergábamos alguna duda sobre quiénes dictan las políticas de los Estados ya tenemos una prueba más.

Y aunque distintas voces de aquí y allá hayan expresado sus temores por la suerte que puedan correr todas las empresas del Estado asentadas en Argentina, es absurdo pensar que el gobierno de ese país vaya a exigir lo mismo a un fabricante de maquinaria o a una aseguradora que a grandes corporaciones que obtienen anualmente miles de millones de dólares en dividendos.

Argentina no es ajena al secuestro de la actividad institucional por los grandes poderes económicos, pero hace tiempo que decidió cortar por lo sano y avanzar en su soberanía política. La nacionalización de YPF es un paso más en esa dirección. Si la presidenta ha acertado o no el tiempo lo dirá.

Lo que está claro es que con esta solución el Gobierno argentino se aleja de sus tradicionales aliados, las potencias occidentales encabezadas por EE UU y la UE, a las que se añade el Estado español, para aproximarse cada vez más a la Alianza Bolivariana liderada por Venezuela.

Aunque Argentina no integra formalmente esta entente, ha demostrado ya sobradamente encontrarse más cerca de Hugo Chávez que de Rajoy u Obama. Por eso impulsó también decididamente la joven Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), alianza que se presenta como una alternativa al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) y Mercosur, dominadas por Estados Unidos.

El CELAC comprende un área geográfica con un futuro más que prometedor. No en vano está integrada por una de las potencias emergentes, Brasil; su capacidad económica global está creciendo rápidamente, y abarca importantes reservas energéticas en un contexto de agotamiento de recursos.

Cristina Fernández no improvisa. Sabe a lo que se enfrenta y ha actuado con plena conciencia y coherencia con el rumbo que desde el principio marcó el ideario del Kirchnerismo. Argentina sólo pudo salir de la grave crisis del año 2000 y enfilar la senda del crecimiento después de rechazar los planes de ajuste del FMI y negarse a pagar parte de su deuda externa. Es decir, avanzó deshaciéndose de la tutela de organismos internacionales que están dominados por gobiernos a su vez controlados por ???lobbies??? económicos y grandes corporaciones. Lo mismo ha hecho Islandia recientemente y es así como está saliendo del agujero.

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Victoria Parker

Vivimos el fin de unos tiempos. Esperamos una Tierra nueva donde habite la justicia

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