Agur jauna

Cuando era pequeño, al salir de la ikastola, acudía a clases de solfeo y acordeón. La escuela de música de Berriz estaba instalada en unas aulas que pertenecían al Batzoki. Allí, una tarde de cuyo año no puedo acordarme, asistí a una clase de lo más peculiar. Pasé media hora acariciando las teclas y botones del acordeón sin abrir el fuelle. No es que tuviera ningún problema. La profesora, Aintzane, me contó que en el salón de la planta de abajo, Xabier Arzallus estaba dando una conferencia y no podíamos hacer ruido.

Al finalizar la clase, bajé las escaleras sigilosamente, y, al llegar al último escalón, me senté. Asomé la cabeza por la barandilla, y allí me quedé un rato, escuchando. Lo cierto es que no entendía nada. Fue como una especie de acto de curiosidad y de rebeldía, en aquella Euskal Herria en la que a los más pequeños se nos intentaba alejar de la política, para evitar contagiarnos de la enfermedad que tenía despedazada y afligida a la sociedad.

La política era un tema tabú en la inmensa mayoría de las familias. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que escuché decir que “la política sólo trae problemas.” Lo que nunca olvidaré son las pesadillas que me despertaban sobresaltado muchas de aquellas noches, en las que antes de irme a la cama, había visto cómo masacraban al pueblo bosnio. Crónicas que se mezclaban con otras piezas audiovisuales sobre las bombas que estallaban dentro de nuestras fronteras o que recordaban los días que llevaba secuestrado Ortega Lara. Mi hermano pequeño y yo compartíamos habitación. A él le hacía dormir en la cama que estaba más cerca de la ventana. Me aterraba dormir tan cerca de la calle.

Xabier Arzallus era un personaje muy habitual en aquellos noticiarios. Una figura clave en la política ya no sólo vasca, sino estatal. Un hombre que se caracterizaba por su inteligencia política y gran capacidad comunicativa, dialogante, conciliador y, hasta cierto punto y siempre dentro de sus profundas convicciones nacionalistas, con un perfil transversal.

Se le vinculó con Batasuna, en gran parte por el Acuerdo de Lizarra, pero su personalidad política en realidad fue mucho más compleja. Durante el franquismo y la Transición luchó por la llegada de la democracia. Estuvo en Alemania, con la inmigración española, y trabajó en las minas de Huelva. Eso le llevaría a conocer la situación de los emigrantes y a defender años más tarde la pluralidad del pueblo vasco.

En 1968, se afilió al PNV en la clandestinidad, partido que presidiría desde 1980 hasta 2004. En 1987, alcanzó un pacto con los socialistas vascos para que apoyaran la investidura de José Antonio Ardanza como lehendakari. Un año más tarde, firmó el Pacto de Ajuria Enea con el PSE, un paso histórico por la normalización y la consecución de la paz. Incluso apoyó la investidura de Felipe González como presidente del Gobierno y, más tarde, la de José María Aznar.

Una de las lecciones que nos dejó Arzallus es que se puede convivir en paz, dialogar y negociar sin necesidad de perder las convicciones políticas. Nos enseñó que, aunque todos tengamos que ceder en algo, lo que se gana es mucho mayor. Hoy, gracias a personas como él, la política ha dejado de ser un tabú y motivo de las pesadillas de los niños en Euskal Herria.

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5 Comentarios

  1. ESPAÑOL con orgullo.
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    Yo soy amigo de Ana. Y tú quien te piensas que eres?. Arzallus no era más que otro igual a Artur Mas. Encendía la mecha y luego pactaba con Aznar. Tenía doble cara como todo independista de la época. Después de haber perdido la guerra por supuesto.

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  2. Anarkimedes
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    Cualquier aroma que surja de un seminario es más perjudicial que los olores que sufrimos en Durango y si a eso le añades “de la secta de los jesuítas” el olor se hace ya insoportable. Que descanse en paz y nosotros a lo nuestro. Ni dios, ni patria, ni amo.

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  3. Ana Fernández
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    Una de las lecciones que nos dejó Arzallus es que, toda la basura que salía de su boca no ha servido para nada salvo para enfrentar a las gentes de esta tierra en pro suyo. No consiguió lo que tanto predicaba, la independencia, claro está que esto es propaganda barata que sus herederos siguen empeñados en vender. Excesivo ruido y pocas nueces como siempre.

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    1. Crispin
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      Ana Fernandez, cada vez que dejas un comentario en las redes sube el pan. Supongo que tienes muchos amigos

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      1. Ana Fernández
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        Sr. Crispin, los suficientes para tener una vida plena y feliz. Espero haber aclarado su duda.

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