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“Hemos aceptado como algo natural que el 1% de la población concentre la riqueza”

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Adriana Rodríguez Salazar.

La socióloga colombiana Adriana Rodríguez Salazar, afincada en Gasteiz desde 2006, ha contribuido a la teorización sobre alternativas al desarrollo con una tesis doctoral sobre el Buen Vivir como paradigma que ofrece la posibilidad de vivir una vida plena.

Sus conocimientos sobre esa filosofía indígena, que está plasmada en las constituciones de Ecuador y Bolivia, no son sólo teóricos. Su afán investigador le llevó a aprender con las abuelas y abuelos de los pueblos indígenas en comunidades locales campesinas y mestizas de la región andino-amazónica de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

Con esas gentes aprendió nuevos saberes, tuvo experiencias sorprendentes y se involucró en sus luchas de defensa de la naturaleza y de su cultura. 

El sábado día 13 animará en Durango un taller práctico para, entre las participantes, reflexionar y descubrir cómo construir el buen vivir con las personas que habitan este municipio y la comarca. Es una actividad organizada por la asociación contra la violencia machista Andereak.

-Vivías en Bogotá. ¿Qué te llevó a territorio indígena?

-Como socióloga pretendía trabajar en temas urbanos porque pensaba que tenían futuro, pero mis primeros trabajos me llevaron a territorios rurales e indígenas, a la montaña, donde se estaban construyendo embalses. Allí me di cuenta de que el desarrollo no sólo impactaba en la naturaleza, sino también en comunidades muy arraigadas en la tierra. Coordiné la Agenda 21 para la Amazonía y relacionarme con las comunidades indígenas me descubrió una nueva forma de vivir y de ver el propio conocimiento. Después estuve en Ecuador otros cinco años, también con indígenas. Nunca he dejado de trabajar con comunidades. Ahora participo en consejos de abuelos y abuelas de diferentes lugares.

Nuevos aprendizajes

-¿Cuáles fueron esos aprendizajes significativos?

-Me di cuenta de que lo que yo había aprendido en la universidad no servía para nada en la naturaleza. Me sorprendían las noches estrelladas, tantos y tantos sonidos de la selva ante los que me sentía como ajena, indefensa. Fue un shock y me di cuenta de lo feliz que me hacía todo aquello: la alegría de caminar descalza, de bañarme en el río, de preparar los alimentos con muchas mujeres y hombres entre charlas y risas, el disfrutar de la vida en comunidad… Todo me daba mucha vida, mucha fuerza. Es curioso que cuando estoy allí tengo menos hambre, como poco porque me alimenta esa energía que dan la tierra y el colectivo. El  manejo del tiempo también es diferente. Aquí siempre vamos tarde. No sabemos adónde y a qué, pero tarde. No nos llega el día. Allí el tiempo es como circular. Todo lleva un ritmo natural. Si te sientas a hablar, te sientas, compartes risas, juegos, se habla de cómo estamos…  Todo eso me impactó y me sigue impactando. Aquí vamos por la calle sin sonreír y ahora, con las mascarillas, ni vemos cómo vamos.

«La satisfacción no está sólo en el tener, sino en el ser. No es necesario tomar más de lo que se necesita»

-El Buen Vivir da mucha importancia a la espiritualidad.

-Yo era muy del materialismo histórico y me cambió el enfoque. La espiritualidad indígena es la conciencia de quiénes somos, de practicar la conexión con nosotras mismas, con las otras personas y la naturaleza. Cuando sale el sol, salgo a recibirlo con la conciencia de esa conexión. Existe un nuevo conocimiento científico, disponible para nosotros y nosotras. Pero ese conocimiento no llega, porque con él podemos desarrollar el enorme potencial que tenemos para transformar este mundo. ¿Qué hacemos con el alimento, el descanso? Se trata de tener una vida en paz y de resolver los conflictos, no de omitirlos. Si preguntas aquí: ¿Cómo estás? Muchas personas responden: tirando… Como si arrastrara una piedra pesada.

-¿De dónde procede la teoría del Buen Vivir y cuáles sus principios básicos?

-Viene de los Andes y la Amazonía como concepto y propuesta. Tiene su origen en la resistencia indígena y de las comunidades campesinas y afrodescendientes ante los modelos de desarrollo. Se basa en una idea redistributiva y armónica. La satisfacción no está sólo en el tener, sino en el ser. No es necesario tomar más de lo que se necesita. Una vez que tenemos lo básico –vivienda, alimento, vestido y relaciones- podemos dedicarnos a cosas que nos hagan más felices. En lugar de eso, nos estamos preocupando por producir, trabajar y pensar en qué haremos cuando llegue la jubilación y resulta que llegamos agotadas. Los recursos del planeta son finitos, pero tenemos todo lo necesario para todas las personas. Lo que pasa es que está mal repartido. Hemos aceptado como algo natural que el 1% de la población concentre toda la riqueza. Ahora se habla de nueva normalidad. Nunca ha habido normalidad.

-¿Cómo se aplica esa filosofía fuera de los universos donde surgió?

-Hay diferentes buenos vivires en cada zona según la cultura y el contexto. En todos los casos se trata de la posibilidad de tener una vida plena. ¿A qué he venido aquí? ¿Qué es la vida? ¿Qué sentido tiene? ¿Cómo puedo alcanzar la plenitud? Para responder hay que romper con el piloto automático. Estas palabras bonitas resumen el Buen Vivir: ser estando y estar siendo.

-Hay quien cree que ese tipo de planteamientos suponen una vuelta a las cavernas.

-Además del movimiento indígena, la ciencia y la academia han aportado una crítica a la idea de progreso. El desarrollo es algo que nunca alcanzamos, que nos arrastra hacia adelante y nos hace olvidar el pasado. No se trata de retroceder, sino de revisar y ver qué cosas que se hacían antes merece la pena rescatar. Es recuperar el sentido común, la buena alimentación, el apoyo a la crianza, la consideración hacia las personas mayores, que tienen la sabiduría y conocen cómo hemos llegado hasta aquí. Ellas pueden aportar mucho y las estamos alejando. Hay muchas consideraciones que podemos revisar de esta lógica absurda de comprar, endeudarse, no satisfacer las necesidades de salud y emocionales… ¿Vale la pena una vida así?

«Hay un nuevo conocimiento científico que no llega, porque con él podemos desarrollar el enorme potencial que tenemos para transformar este mundo»

-¿Qué papel desempeñan las mujeres en estas propuestas y estas prácticas?

-Tienen un papel muy importante. El Buen Vivir pone la vida en el centro. Se orienta a cuidar de la vida. El mundo de los cuidados es un ámbito desconocido y maltratado por la idea de desarrollo: lo que vale es el trabajo productivo y el de casa no vale porque no se ve. Y ahí es donde se da el cuidado de la vida. ¿Cómo viviríamos sin ese trabajo del que se han ocupado y se ocupan las mujeres? Pero el Buen Vivir habla también del equilibrio entre el rol del hombre y la mujer, de la participación de los hombres en la crianza, de su desarrollo emocional. El papel de las mujeres en las comunidades es también reproducir la cultura, algo muy importante. Ellas hacen que el idioma y los códigos culturales se mantengan. Quizás lo más cercano es el enfoque del feminismo comunitario, porque se quiere apreciar ese rol que hemos desempeñado las mujeres y de cuyo valor no somos conscientes. Por ejemplo, hemos empezado a trabajar en la economía productiva y hemos enajenado la menstruación. Para mucha comunidades, éste es un período de limpieza física y emocional, de introspección, un momento de descanso y en el que las mujeres se reunían y resolvían un montón de cosas.

Cambio de paradigma

-En tu blog hablas de “este tiempo tan bonito de construcción de una nueva humanidad”. ¿Qué entiendes por ‘nueva humanidad’?

-Uff, jeje, eso daría para otra entrevista entera, pero me refiero a que en el siglo XXI seguimos aplicando el paradigma científico del siglo XIX, el racionalismo positivista cartesiano. Ya es hora de darnos cuenta de que la ciencia ha evolucionado. Las ciencias posmateriales dan explicaciones sobre el ser humano, el universo y la mente. La cuántica explica muchos conocimientos que fueron censurados en el pasado. Tesla obtenía energía de recursos provenientes de la naturaleza, otros tipos de energía. Hablamos de un salto de paradigma. Ahora estoy enseñando metafísica cuántica en alianza con una universidad maya. Somos mucho más que la materia, somos un potencial de vida, energía y creación. Esto no es religión. Está avalado por un nuevo conocimiento científico, disponible para nosotros y nosotras. Pero ese conocimiento no llega, porque con él podemos desarrollar el enorme potencial que tenemos para transformar este mundo.

Entrevista publicada por Mertxe Arratibel en Andra.eus

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