El alumnado de Bachillerato de Maristak emprende desde el aula

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Los grupos de Bachiller premiados en Gaztedi Durangaldea, junto a otras participantes de Maristak y las coordinadoras Oihane Iruskieta y Oihana Goikoetxea.

Si hay algo que caracteriza a Maristak Durango es su esfuerzo por preparar al alumnado para el mundo laboral. Un objetivo que no se limita solo a su oferta educativa de Formación Profesional; también sus estudiantes de Bachillerato pueden hacerse una idea práctica de lo que les espera en sus futuros puestos de trabajo, gracias a iniciativas como el concurso de ideas empresariales Gaztedi Durangaldea. En la última edición de este certamen, dos equipos de esta etapa formativa se hicieron con el primer y un segundo premios.

Las ganadoras de los 1.000 euros destinados a la mejor idea fueron las alumnas de 2º de Bachillerato Claudia Gherasim, Ainhoa Martínez, Emily Karlie e Irati Izaga. Su propuesta de creación de unas burbujas comestibles que reemplazan a los envases de plástico fue la más valorada por el jurado.

“Nos gustaba mucho esta idea porque unía un proyecto empresarial con el cuidado del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático”, comentan. Aparte de desarrollar el concepto también se esforzaron por la creación de un prototipo siguiendo la técnica de esferificación, que se utiliza en cocina molecular. “Las materias primas son caras y complicadas de conseguir. Por suerte, nos cedieron parte del material en el restaurante Kobika”, añaden.

El segundo premio logrado por Bachiller también tenía un fuerte componente de protección medioambiental; en su caso, relacionado con el reciclaje y la gestión de residuos. El concepto consistía en el aprovechamiento de los chicles desechados “para la fabricación de zapatillas, lápices, o ruedas de bicis”, enumeran Paola Cuevas, Jon Bikandi, Jone Vázquez, Iciar Zorrilla y Ziortza Navarro.

“Es una idea que ya funciona en el Reino Unido. Queríamos ponerla en marcha aquí recogiendo el material en papeleras especiales o extrayendo los chicles del suelo con empresas especializadas”, detallan.

Creatividad y cooperación

En lo que también coinciden ambos grupos es en la parte más complicada de todo el proceso: la presentación de su idea en público. “Aparte de los nervios, resultó frustrante no poder explicar todo lo que queríamos, ya que había un tiempo limitado para cada exposición. Tuvimos que quitar muchos detalles”, lamentan.

Los grupos participantes, pertenecientes a la rama de Sociales de Bachillerato, han estado dirigidos por las profesoras de Maristak Esti Urizar y Miriam Montes. “Hemos trabajado mucho todo el tema de la creatividad y la labor en equipo. En general, todas las aptitudes transversales”, explican. Cada uno de los 9 equipos del centro que se presentaron al concurso tuvo que presentar una idea de negocio “desde cero, y aprendiendo a gestionar las propuestas de cada integrante de forma colaborativa”.

“En la asignatura de Fundamentos de Administración y Gestión se trabaja mucho el emprendimiento. Utilizamos el concurso como excusa para que aprendan más en profundidad todo el mundo de la empresa desde su propia creación usando técnicas que se imparten en los Ciclos. Ha sido una apuesta del centro y estamos muy contentas con el resultado”, analizan Oihane Iruskieta y Oihana Goikoetxea, coordinadoras de la experiencia.

“Han potenciado, además, la colaboración, la comunicación ante un público, la creatividad, competir con otros proyectos… Son características que les van a servir para toda la vida, incluso más allá del ámbito laboral”, insisten. “Al vivirlo le han sacado mucho más jugo de lo que les podríamos transmitir en el aula”.

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1 Comentario

  1. Ingenio e innovación.
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    A mi parecer, el futuro en los envases de líquidos, etc. Es el granel, cada cual se buscará su propio envase. No hace falta producir uno de golosina.

    En cuanto a los chicles, sería muy interesante saber si se puede convertir en energía, pobre pero resultona. En Bolivia producen bebida, masticando un cereal. Ahí lo dejo.

    El ingenio hay que vomitarlo, y volverlo a comer. Quién no se cae no se levanta. Un mito anglosajón.

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