Ander Díez: «No soporto los programas de MasterChef»

Ander Díez: «No soporto los programas de MasterChef»
Díez entró en el Basque Culinary Center gracias a "una vacante de última hora".

La cocina vasca ha logrado convertirse en un referente mundial, gracias a nombres como Arzak, Arguiñano, Berasategui o el zornotzarra Eneko Atxa. Una nutrida representación de profesionales que impulsaron la creación del Basque Culinary Center (BCC) con el fin de integrar sus conocimientos gastronómicos en el ámbito universitario. La primera promoción acaba de salir de sus aulas con Ander Díez (Durango, 1993) dispuesto a comerse el mundo.

El interés por la cocina le surgió de niño, pero no acababa de decantarse por esta actividad para su futuro profesional. “En casa siempre hemos disfrutado en la mesa y me gustaba salsear entre pucheros, pero mis primeras opciones de estudio eran hacer la carrera de audiovisuales o un módulo superior de sonido”.

Se enteró de la gestación de una nueva universidad gastronómica en Donosti pero, aunque le atrajo la presencia de los grandes cocineros del momento, pensó que sería muy difícil conseguir ser admitido en el centro. “Tras la selectividad, escogí ir al BCC como tercera opción, pero sin muchas esperanzas. Y de improviso, recibí una carta en la que me comunicaban que había unas vacantes de última hora y que si quería hacer las pruebas de ingreso. Se me iluminaron los ojos”, recuerda.

Díez no desaprovechó la oportunidad. Superó los requisitos y se preparó para adquirir unos conocimientos que iban mucho más allá de los fogones. “Lo que más me sorprendió es la cantidad de teoría que teníamos: historia, economía, física y química… Al ser la primera promoción todo estaba un poco ‘verde’, pero desde entonces el plan de estudios se ha perfeccionado mucho, gracias al profesorado y a la experiencia con los primeros alumnos”.

Pero lo que pronto tuvo claro es que, para ser cocinero, no bastaba con saber elaborar los platos. Los chef actuales deben encargarse de materias que hace unos años parecían ajenas a la profesión. “Hemos aprendido a gestionar un negocio, a cuidar la relación con los clientes e incluso a fotografiar nuestros platos, que no dejan de ser el escaparate de lo que hacemos”, destaca.

Y es que cuidar la imagen de sus creaciones ha pasado a ser un elemento fundamental en el éxito de un cocinero, desde que Argiñano fue pionero en convertir la elaboración de un plato en un espectáculo.

Enseñar sin gritos

En la actualidad se ha ido un paso más allá, y en la televisión triunfan los concursos como ‘MasterChef’, donde un grupo de aspirantes compiten por elaborar las mejores recetas.

El durangarra no se ve participando en ninguno de ellos. “A mí, y a mis compañeros, este tipo de programas nos cabrean mucho. Nos parece que sólo buscan el morbo por el morbo y que dan una imagen de los cocineros en la que sólo se puede enseñar a base de gritar”, critica.

Además, su proyecto de fin de carrera le absorbe todo el tiempo disponible y una vez lo finalice espera poder “viajar por el mundo para conocer distintas técnicas de elaboración. Y a largo plazo, me gustaría asociarme con algún otro chef y montar un restaurante el que pueda ofrecer mis propios experimentos”.

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