IRAIDE LEGINA

“Ahora soy quien quiero ser”

“Ahora soy quien quiero ser”

Iraide Legina tomó hace siete años la que hasta el momento ha sido la decisión más importante de su vida. Sentía que su cuerpo y su mente no encajaban, así que recurrió al centro de atención a gays, lesbianas y transexuales Aldarte de Bilbao y por fin pudo encontrarse a sí misma. Ahora, tras finalizar el proceso de reasignación de sexo, se encuentra feliz y a gusto con su identidad.

Los medios de comunicación se han hecho eco en las últimas semanas de Leo, un menor de Irun que ha comenzado a recibir terapia hormonal para paralizar su desarrollo femenino. Iraide se alegra de que los tiempos vayan cambiando poco a poco. “No hay que olvidar que en 1983 todavía estaba penalizada la transexualidad en el Código Penal español”, advierte.

-¿En qué momento te encuentras actualmente?
-Me siento liberada, ahora soy como quiero ser.

-¿Cuándo diste los primeros pasos?
-Todo empezó con 20 años. A esa edad fui consciente y me di cuenta de lo que me pasaba al cien por cien. Fue entonces cuando decidí acudir a la asociación Aldarte.

-¿Cómo te ha cambiado la vida en estos siete años?
-Al principio no me cambió mucho. Lo único diferente era que lo comentaba con la psicóloga, pero no me cambió porque nadie lo sabía. La primera persona que lo supo de mi entorno fue una amiga porque para mí era más fácil lograr su apoyo por si se producía un rechazo familiar. Afortunadamente no ha sido el caso, pero yo no lo sabía.

Me ha costado 21 años expresar lo que me estaba pasando. Creo que lo escondía por miedo a la discriminación y por desconocimiento

-El proceso no ha tenido que ser fácil.
-Aldarte me dio apoyo psicológico y me ayudó a buscarme a mí misma durante cerca de dos años. También me ayudaron a prepararme para el rechazo social, algo a lo que yo le tenía bastante miedo porque no veía que la sociedad estuviese tan avanzada. Los dos años y medio siguientes fueron los del proceso médico, la hormonación y la cirugía.

-¿Te costó asumir lo que te estaba pasando?
-Me ha costado 21 años expresarlo. Creo que en determinados momentos sí sabía lo que me estaba pasando,  pero que lo escondía. Cerraba esa puerta por miedo a la discriminación y por desconocimiento.

-Hay expertos que consideran que el proceso es más traumático de adulto. ¿Es también tu percepción?
-A mí no me ha supuesto ningún trauma, aunque si hubiese empezado antes sería ‘más chica’. En ese sentido sí me dan cierta envidia las personas que empiezan el proceso con 15 o 16 años. En todo caso, he marcado yo los tempos. Me compensa haberlo hecho más tarde pero estando segura, sabiendo que no me voy a arrepentir.

-En las últimas semanas se ha conocido el caso de Leo, un menor de 11 años transexual. ¿Qué opinas de que haya empezado la terapia hormonal?
-Me parece muy pequeño. El lado positivo que de mi proceso ha sido que he tomado yo las decisiones y también he marcado los momentos. La pregunta es, siendo un menor de 11 años y estando en una asociación, ¿quién marca los pasos?

Iraide recibió su nuevo DNI el pasado julio.
Iraide recibió su nuevo DNI el pasado julio.

“Algo no encajaba”

-¿Cómo viviste tu infancia como niño?
-Siendo niño notaba algo diferente. Te haces una suposición de que la identidad está hecha, de que algo había, pero no sabes qué. Notaba como si tuviese una persona dentro, una mujer, que era como mi alma. Y con 21 años, en vez de tocar la puerta, la reventó.

-¿Te creaba rechazo tu físico?
-No me gustaba mi cuerpo al cien por cien, pero lo aceptaba. Eso hizo que me costara más saber lo que me pasa. Aun así, sabía que había algo que no encajaba.

-¿Qué sentías cuando te llamaban con tu antiguo nombre?
-No me molestaba, pero a los 10-12 años ya me había cambiado de nombre. Aunque nadie lo supiera, me llamaba a mí mismo Oihana y a mí me servía. Lo hice porque no me sentía bien y tenía un gran cacao mental.

-No es el nombre que utilizas ahora.
-Cuando hable con mi madre sobre mi transexualidad, le di a ella la opción de elegir mi nombre. Y entre otros, a ella le gustaba Iraide, que es con el que me he quedado.

-En julio del año pasado recibiste el nuevo DNI. ¿Ha sido otro paso importante?
-Jurídicamente es más seguro tener el DNI, pero a mí me parece una gilipollez porque yo ya vivía y hacía mi vida como mujer. Aun así tengo que reconocer que el día que me lo dieron sí que me alegré porque era un pasito más.

-Hablemos de tu familia. ¿Cómo reaccionaron cuando les diste la noticia?
-La verdad es que bien. Primero hablé con mi ama, que tuvo que ir a la psicóloga para comprender bien lo que me sucedía. Ella fue la que se lo contó después a mi padre. A él le costó más porque es más reservado, igual que mi hermano. Lo que sí quiero dejar claro es que en todo momento he sentido su apoyo porque, de no ser así, no seguiría viviendo con ellos.

-¿Y tú entorno? Las amistades, la gente de la Universidad…
-La aceptación ha sido total. Tanto en mis amigos de toda la vida como en los de la Universidad.

Betigol fútbol sala

Fútbol femenino “sin exclusiones”

Hace poco más de un año un grupo de mujeres, muchas de ellas madres, se unieron para jugar al fútbol. El pasado mes de febrero se convirtieron oficialmente en el club zornotzarra Betigol.

Deportivamente, sus prioridades pasan por la práctica y el disfrute del fútbol-sala pero siempre desde unos valores de tolerancia y solidaridad. Para ello han conformado una plantilla que cuenta entre sus filas con dos mujeres transexuales. Una de ellas es Iraide Leguina.

“Buscamos nuevas jugadoras para un equipo sin barreras ni exclusiones. Todas son bienvenidas, de ahí que entre nosotras haya mujeres que nacieron con órganos genitales masculinos y que no tienen las mismas oportunidades que el resto de practicar este o cualquier otro deporte”, explica la presidenta e impulsora de Betigol, Edurne Azpitarte.

Las mujeres de Durangaldea o de otras localidades interesadas en sumarse al equipo pueden acudir a los entrenamientos que tienen lugar los martes y los jueves, a las 20.00 horas, en Gane. También pueden pedir más información o apuntarse en edurne.betigol@gmail.com.

En un año de andadura, el club ha conseguido reunir un fiel grupo de 12 jugadoras. “El equipo nació de una forma casual entre un grupo de madres que, recordando nuestra adolescencia pensamos que sería fascinante volver a disfrutar del balón y del fútbol”, añade Azpitarte.

Hasta el momento se han limitado a entrenar dos días a la semana y a jugar partidos amistosos, pero para septiembre se plantean nuevos retos. “Vamos a federarnos porque nuestro objetivo a medio-largo plazo es disputar la Liga territorial de Bizkaia.

Legina, entrenadora de los niños de las amatxus que juegan en Betigol, se animó a participar en el equipo por las ganas que tenía de hacer deporte. “La acogida ha sido muy buena”, reconoce la zornotzarra.

El club se sustenta únicamente con las aportaciones anuales que hacen sus socias. No obstante, parte de esos ingresos los destinan a la asociación social Amorebieta, que se dedica a distribuir comida a vecinos y vecinas necesitados del municipio. Su incorporación a la competición territorial vizcaína generará unos gastos añadidos a los que les gustaría hacer frente con patrocinadores o colaboradores que estén dispuestos a ayudarles.

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