Desde mi Gancho
Acción política: educación y madurez
Isidoro Sánchez
Desde mi Gancho
Isidoro Sánchez es responsable de Administración y Servicios de San José Jesuitak Ikastetxea
Recuerdo el interés con el que participé por primera vez en un proceso electoral democrático, hace de ello más de veinte años.
Me gustaría creer que la realidad sigue siendo la misma que entonces en términos de implicación de la ciudadanía en la vida política, pero sería un error cerrar los ojos y querer negar que no vamos por el mismo camino. De hecho, una buena parte de la sociedad considera que “no va con ella” y desprecia, al menos aparentemente, todo aquello que tenga algo que ver con el “mundo político”, con la vida “de las instituciones”.
Por ello me parece importante que siga habiendo personas que participen honradamente y con vocación de servicio en la vida política institucional. Yo conozco bastantes personas –y a algunas muy de cerca- que obran y actúan de esta forma, y estoy muy contento y orgulloso de compartir con ellos ideas y debates de cómo mejorar nuestra sociedad.
Pero junto a esas personas también deambulan, crecen y cobran importancia otras muchas que al albur de unas organizaciones atascadas, encuentran en el mercadeo cotidiano su razón de ser, su notoriedad social y su parcela de poder que no de autoridad, privando con sus actuaciones al grupo humano de referencia, del necesario oxígeno democrático y de la vital ilusión regeneradora.
Pues bien, si queremos que la palabra que estamos escuchando cada día hasta la extenuación, la “desilusión”, desaparezca del vocabulario político cotidiano empecemos como dice el artículo primero de la Constitución de la Unesco por ser personas "libres y responsables"-primer objetivo de la educación-, no permaneciendo impasibles, resignados, sometidos. No siendo espectadores, sino actores. No receptores adormecidos, distraídos, atemorizados, sino emisores. No permaneciendo silenciosos ni silenciados, expresando, con firmeza democrática y perseverancia nuestros puntos de vista.
Actuemos, igualmente con la necesaria “madurez”, como brillantemente señala el poeta y escritor brasileño Mario de Andrade, porque ya no tenemos tiempo: para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido; para lidiar con mediocridades; para estar en reuniones donde desfilan egos inflados, y para tolerar a maniobreros y ventajeros.
Porque nos molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros, pero sí nos queda espacio e ilusión para compartir y vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír, de sus errores; que no se envanezca con sus triunfos; que no huya de sus responsabilidades, que defienda la dignidad humana, y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Educación y madurez se nos presentan de este modo como valores transformadores capaces de generar ilusión y utopía, para construir una nueva sociedad más democrática, más participativa y más responsable.
2 Comentarios
Por torrelodones
16/03/2010 "el sr. Sanchez, como parece que se le llama por aqui, ha dado en el clavo. Demasiada gente permanece impasible y resignada ante el enchufismo y la militancia politica como medio de subsistencia laboral, entre otras consideraciones. "
Por Plural
14/03/2010 "Una vez mas señor Sanchez Vd ha vuelto a acertar con su comentario. Lastima que exista tanto sordo y ciego en esta sociedad que no pueda leer ni escuchar sus consejos. Deberian de visitar mas asiduamente a Gaztelumendi.(los de Durango)"
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